CLICK HERE FOR BLOGGER TEMPLATES AND MYSPACE LAYOUTS »

viernes, 27 de enero de 2017

Vórtices


Estadisticas y contadores web gratis





 ¿Ellos qué saben? No conocen a Valentina. Sus ojos son dos luces rojas que andan en la oscuridad, al abrazarla sus escamas abren mi piel, mi sangre en su cuerpo es luz. En su pecho resuenan relámpagos, en sus labios la marea del océano y en la punta de su lengua danza el huracán que me destruye. Me pierdo en su vientre de abismo, en su profundidad un destello emerge de la arena y deslumbra cadáveres...

Leer en:  
 Vórtices, cuento que pertenece al libro El Cuerpo de la Noche

Fotografía: Yazmín Ortega

miércoles, 18 de enero de 2017

Tritón, en la Revista el Humo

Enlace para leer Tritón en Revista el Humo

TRITÓN

I  
                                                                                                                                               
Mi tío murió.
Desde entonces Tritón es mi abuelo.
En el mar desaparece.
“Te encontrarás con el demonio”.
Él no cree en las palabras de mi abuela.
Cuando regresa,
escucho romper las olas en su corazón.
Herido y sin voz,
me cuenta historias de magníficas medusas,
batallas con monstruos de abismo,
sirenas crean en sus labios tormenta.
Yo, cuando sea grande quiero contar esas historias.
Quiero tener más tatuajes que él.
Quiero ser tritón y tener las escamas más brillantes que él.
Una tarde lo convencí de llevarme.
La espuma cubrió mis ojos,
entraba por la boca.
La muerte me abrazó.
Yo quería seguir,
pero mi abuela apreció en la orilla.
“Si te llevas al niño te quedas sin mujer”.
Mi abuelo me soltó y se fue con el mar a sus espaldas.

II
Mi abuela amanece frente a la fotografía de mi tío.
La corona de cempaxúchitl se ilumina por un cirio,
y un santo que todo lo observa.
En el beso que mi abuela deja en la fotografía nace la noche.
“Vieja loca, tu brujería pa otro lado y dame de comer”.
Ella, maldice el día de su boda,
y deja marcadas sus huellas en las tortillas.
Yo, me quedo frente al altar donde transcurren los días y se hace la noche.
En el altar donde escucho la respiración de mi tío.

III
  
IV

Mi abuela me enseñó a sopear las conchas en el café.
Hablar de la muerte viendo a los ojos.
Cuando el cielo esté despejado podremos ver a mi tío.
El café ha perdido su sabor.
La muerte a veces nos acompaña en la mesa
A veces rasga los ojos de mi abuela,
a veces se mete en mi cabeza y no me deja dormir,
a veces apaga la luz del cirio en el altar de mi tío.
V

Cuando pregunto sobre mi tío,
mi abuelo contesta que no quiere saber más,
y desaparece en las olas.
Yo pienso que quiere olvidarse de nosotros.
VI
Mi abuelo no regresa.
“El mar es un suicidio”.
Dice mi abuela con el rosario en la mano.
“El mar es el campanario de la muerte”.
Los rayos del sol iluminan el latido del océano.
¿Escuchas las olas?
La llama del cirio se apagó.
El santo cayó de altar y ha perdido la cabeza.
Mi abuela cada atardecer conjura.
“No pases  los atardeceres en el muelle,
los hombres se enferman de infinito,
los locos acaban en las orillas del mar”.
Al amanecer; peces muertos sobre la arena.
VII

Mi abuelo regresó y perdió sus escamas.
Mi abuela dice que es otro porque tiene el diablo en los ojos.
Por más que veo sus ojos no lo encuentro.
Yo creo que le arrancaron la lengua y por eso no habla.
VII

Mi abuelo reaccionó y me contó un secreto:
“El hombre que no conoce el fondo del mar, no se conoce a sí mismo”
-¿Y qué viste ahí?
Mi abuelo, por primera vez, se paró frente al altar de mi tío,
tomó su fotografía y le dio un beso.