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sábado, 7 de febrero de 2015

Más cabrona que el PRI






La calavera se detuvo en el puesto de películas y decidió llevarse la promoción de 3 por 15, escogió las últimas temporadas de la serie The Walking Dead y al no encontrar una tercera comenzó a desesperarse porque los títulos le parecían un bodrio: Mi villano favorito 2, La reina del pacifico 4, Rápido y furioso 66, pero se llevó una gran sorpresa al encontrar la película La Santa Muerte.
— Seguramente ya hasta me nominaron para un Oscar y yo atrapada en este pinche barrio bravo ¿O es una biografía no autorizada?
—Pus no sé, es una novedad mi flaquita, apenas se estrenará en los cines.
La niña blanca recordó aquella noche de placer con Malverde, cuando él tuvo que lanzarse desde Culiacán a la capital para arreglar unos bisnes. Se conocieron en la pulquería “La risa” Y después de varios curaditos acabaron echando pasión en un hotel en la calle de Tacuba. La Flaca temía que una cámara oculta los hubiera filmado y que el video ya estuviera en las manos de la banda más morbosa del país; para cerciorarse de ello se la llevó.

La Santa se dirigió a su mansión ubicada en el mero corazón Tepiteño. Al llegar se quitó los harapos, se sirvió un tequila, prendió un churro, estiró su esqueleto en un confortable sillón y se dispuso a disfrutar la película. La primera parte la tenía “muerta de risa” le parecía un melodrama asqueroso tipo novela de televisa, que por cierto, la protagonista era la mismísima primera dama de México y la insufrible antagonista Martita Chingadera.
—Susana, no debes creer en la Santa Muerte; sólo creen en ella los que andan en sectas satánicas, los metaleros, los tepiteños, los jodidos. Tú eres gente bonita, gente de bien ¿Qué ejemplo le estás dando a tu hija?
—¡Déjame en paz Marisela! A mí me consta que es muy milagrosa, mira, ya me compré mi cocina integral, en los sabritones me gané un viaje todo pagado por el caribe  y a mi hija se le quitó el cáncer ¿Cómo la ves? Tienes puritita envidia. Dime, tú que le has rezado tanto a tu sagrado corazón ¿Qué te ha dado? Pura miseria.
—Amiga, me duele mucho verte así, ya no eres la misma de antes…
—Tienes razón, ahora soy una mujer de mundo y ya te dejo, tengo que poner estas manzanas en mi altar.
A la mitad de la película la Santa dejó de reír.
—Tienes razón Marisela, he sido una tonta ¿Cómo pude ser tan ciega?
—No te preocupes corazón, hagas los que hagas Jesus Christ siempre estará de tu lado.
Al final la Gaviota termina propagando la palabra de Cristo y organizando colectas para los niños marginados de Chiapas que no alcanzaron a comer con el programa Sin Hambre. Lo que puso verde cada uno de los huesos de la flaca, no fueron los tres churros que se fumó, sino descubrir en los créditos que la película era producto del director cristiano Jonathan Ramírez Vaca.

La niña blanca agarró su harapo negro, se puso perfumito y salió hecha un energúmeno de su mansión; sobre su cráneo aparecieron nubes negras y relámpagos. Pidió un taxi y ordenó al conductor la llevara a los estudios Martell. Los guardias no dijeron ni pio y al abrirle las puertas encontró un montón de directores gordos y prostitutas de lujo fumando por los pasillos. Ella preguntó por el tal Vaca, pero nadie lo conocía. En una de los sets encontró pavoneándose a la famosa Gaviota en topless, se encontraba en pleno rodaje de la película Medea acapulqueña. La Santa entró a tientas, le tapó la boca al pajarraco aquel y se la llevó a rastras.
Al día siguiente salieron encabezados en los periódicos; en El Gráfico, en El Metro, en la puta prensa: “La Gaviota voló” “El DIF se queda sin alas” “Descubren a Adela Michelin en pleno guagüis presidencial” El último encabezado no tiene nada que ver con esta historia pero la noticia también salió en primera plana.
La Gaviota se encontraba desnuda, encadenada  en la mansión de la flaquita y agitando su suave cabellera (promocionada por Sedal) exclamó:
—¿Qué quieres de mí?... ¡Libérame! ¡Desátame!
— Quiero que quemen cada una de las copias de la película La Santa Muerte y que te metas el dedo en el culo.
—Bueno, lo del dedo en el culo se arregla, pero lo otro lo veo muy difícil mana, los distribuidores se ponen perros, además tenemos el apoyo de los magnates cristianos ¿Qué van a decir de nosotros? No te das cuenta que a mi amor presidencial le está yendo de pelos.
La Santa Muerte abrió un sarcófago del que sacó una tremenda hoz.
—¡Oh Dios mío! ¿Qué es eso?... ¿Un nuevo juguete sexual?
—Si chiquita, digamos que sí, tú sólo cierra los ojos y déjate llevar.

 Mientras tanto la noticia llegó a los Pinos.
—Señor Pena, nos acaban de informar que la Gaviota ha sido secuestrada.
—¿Quién?
—Su esposa.
—¿No había valido madres en la última peda?
—Esa es otra, a la Gaviota la conoció en Miami en una de las fiestas de Azcárraga.
—Ah, ya me acordé, es la que acabó en topless y bañada en champagne. Es muy linda…Mira, hagamos algo, tráiganme a la Gavilonga de retache que está noche me la ceno.
—El problema es que el secuestrador no es cualquier mortal, se trata de la Santa Muerte y tiene de su lado a la mafia más cabrona del D.F. y en los chismes de la Chapoy dicen que es el chile de Malverde.
—Pues sí tiene a la mafia del D.F. me vale madres porque ese sería pedo de Mancera y que se las arregle con sus garras…Oye, Betito ¿Dónde dejé el gel? Es que ya me voy de party, me quedé de ver  en casa de la Robles para esnifarnos unas buenas colombianas.
—No señor, esto es grave, mire, prenda la televisión:
Adela Michelin apareció luciendo como un auténtico arbolito de navidad con tanta joya encima, algo extraño se notaba en su mirada, por momentos rechinaba los dientes, parecía que su voz venía del inframundo, los ojos por momentos se le ponían en blanco; estaba poseída por la Santa:
—Mexicanos, les habla el mero chile tepiteño, tengo en mi poder a la Gaviota y estoy a punto de reventarla como palomita para mandársela a mi compadre Lucifer. Quiero que desaparezcan de la faz de la tierra la película  La Santa Muerte y que empalen a su puto director en la explanada de la catedral. Mi fama empieza a despuntar a nivel internacional y no permitiré que ningún pendejete, ni siquiera el subnormal argentino del Papa se burle de mí haciendo propaganda barata o una mamarrachada con mi reputación.
Una vez emitido el mensaje la cabeza de Adela cayó fulminada sobre el escritorio.
La Santa Muerte reía a carcajadas, agarró su hoz y con ella rozó el cuello de la Gaviota.
—¡Detente! Mi bello rostro no, ni en mis siliconas por favor…más abajito, yo sé que tú sabes…Un poquito más abajo…¡Que más abajo perra huesuda! Justo ahí, oh sí,  me encantas, sigue ¡Sigue! No pares, llévame a tu inframundo.

Mientras a la Gaviota le tocaban el punto G, por las calles del Distrito Federal  circulaban tanques de guerra,  la gente corría despavorida a sus casas, los policías tragaban con enjundia todos los tacos de suadero que podían, porque quizás esa sería su última degustación, su último aliento encebollado. Malverde al enterarse de todo el desmadre se dejó caer a la capital en un santiamén, no permitiría que algo le pasara a su Flaquita, porque ya le iba dar el anillo, ese anillo que ya se lo había entregado a un chacal en una de las cloacas más turbias de la frontera, pero estaba dispuesto a operarse para que todo estuviera en su lugar, para que todo estuviera muy virginal y fresco.
Mientras tanto en la mansión más grande de Tepito se escuchaba:
—¡Oh mami! Que bárbara Santa, ahora entiendo porque medio D.F. reza por tus huesos, eres mejor que el Goicochea, que el Pena y el Azcarraga haciéndome una penetración romana. Lo tuyo y lo mío fue amor a primera vista ¿No crees dulzura?...
You are a bad, bad girl…La verdad tienes un trasero suculento que me pone a mil ¿No te gustaría escapar conmigo al inframundo?
—¿Y ahí podemos volver a hacer el amor como dos perras en celo? Estoy contigo en la vida y la muerte. Aunque tú ya te me adelantaste un poquito.
—Mi chocorrol de relleno cremoso, me encantas por pendeja.

El Distrito Federal se convirtió en un desfiladero de luces, de tanques, patrullas. Nadie daba con el domicilio de la Santa, todos se confundían con los altarcillos que se encuentran regados por los lugares más jodidos y podridos del D.F. pero lo que nadie sabía, es que la casa de la Santa, era la mansión más chingona de todo Tepito, más chingona que la mansión de la Elba Ester Gorduelo en Polanco. Después de más de 10 horas de búsqueda, las fuerzas armadas de México y la mafia de Malverde, al mismo tiempo dieron con el domicilio. Al entrar Malverde se puso más verde, Pena se arregló el copete; encontraron el recinto echó un desastre, la televisión prendida con la jeta de Adela Michelin, en el piso de mármol envases de caguama y mota esparcida y una carta escrita por la primera dama de México:
    —¿Que no vieron la peli de Brad Pitt Meet Joe Black? Yo también tengo derecho a enamorarme de la muerte, además ¿esta puta vida no se trata de irse con el más chingón? Lo siento Pena Miento, jódete Malverde, quédense con todo México, con el mundo entero, porque mi chiquita se las mata, a ella nadie le gana putos.
Arte visual: ernestomuniz.com.mx

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