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domingo, 11 de enero de 2015

Odio los lunes


Lunes abrió los párpados y no sabía si aún seguía borracho o comenzaba a sentir resaca. Con ojos vampíricos contempló la ciudad a través de la ventana y su pupila se dilató al recordar a Martes. Tomados de la mano salieron a la terraza para besarse, mientras adentro de la casa seguían la fiesta los otros días de la Semana, los Meses y uno que otro colado. La fiestas que organiza Viernes suelen ser bestiales e inolvidables, pero después de beber tanto nadie las recuerda.
—¿Sí te he confesado que tienes unos ojitos bien chulos? ¿Qué tu cuerpo es como el de la diosa Afrodita?  ¿Qué tienes el rostro de piedra esculpida?
Esa noche Martes llevaba puestos unos pupilentes azules porque detestaba sus ojos castaños, una faja que le apretaba hasta los pulmones y su rostro parecía el de un pescado muerto por tanta cirugía. Tomó su copa de vino y con aire de femme fatal contestó:
—Me lo has dicho desde hace miles de años, desde la época en que el antiguo imperio romano concibió nuestros nombres y supongo que seguirás así hasta el fin del apocalipsis, porque eres un bruto.
 —No chiquita, no es así, pero es que cada vez que tomo te recuerdo, cada vez que te recuerdo lloro y cada vez que lloro y te recuerdo sonrío porque recuerdo nuestro amor.
—Eres un imbécil, lloras porque todos sabemos que tu vida es patética ¿No te das cuenta que todos te odian?
—Ay preciosa ¿Por qué me dices cosas tan feas?
—Sólo te estoy diciendo puras netas ¿A quién le gusta despertarse de madrugada para ir a trabajar como un esclavo? Eres tan repugnante que congestionas las ciudades, pones de jeta a todo ser humano, hasta a la monja más sobresaliente de su convento y sólo porque eres un malnacido.
—Bonita, cierra la boquita y dame más besos.
—No me hables como a una pendeja o como a una de tus putas. Ya me enteré que hace poco te enredaste con la golfa de Abril ¿Qué día de la Semana te falta? ¿Qué Mes?
Pues si ya me conoces ¿Para qué me la cantas? Sabes que yo tengo muchas capillitas a que rezarle, pero tú eres mi catedral.

Martes rompió en sollozos, Lunes la abrazó intentando consolarla pero se separó de ella, cuando súbitamente el afeminado de Diciembre salió a la terraza cayéndose de borracho, estropeando su ridículo atuendo de arbolito de navidad con luces de colores.
—¿Qué onda? Sino entran a la party estos atascados se acaban las líneas ¿Qué no tienen frío?…Perdón ¿Interrumpo?
—Entren, ahora los alcanzo. Tajantemente contestó Martes.
—En serio mi doncella, luego no te vayas a encaprichar por dejarte aquí.
—¡Lárgate! Quiero estar sola ¡No ves que se me ha corrido el rímel! No quiero que los demás me vean como una de tus putas trasnochadas.
Martes se quedó sola en la terraza. Siempre sintiéndose sola, fea y gorda. De su bolso sacó la polvera y se miró en el espejito para corregir los desperfectos que aquel hijo de puta provocó. Necesitaba más rímel, que sus pestañas llegaran al cielo como lo vio en los anuncios del Palacio de Hierro, un poco más de labial rojo cereza, una servilleta para eliminar el exceso ¡Muack! Con su vestido transparente estaba vestida para matar.
Cuando regresó a la fiesta lo primero que vio fue a Lunes besuqueándose con Abril, sintió un hueco en el estómago, pero al percibir la mirada de los invitados sonrió de la manera más juvenil que el botox le permitió. Con su sonrisa de Catrina se dirigió a la mesa para tomar una botella de ron que había sobre la mesa, prendió un cigarro y se dirigió a refugiarse en una esquina. Desde ahí observaba como todos se divertían: algunos Meses bailaban al ritmo de las cumbias, el chacal de Miércoles se besuqueaba con Domingo a pesar de que el puto tenía el cristo tatuado en el pecho, Sábado estaba a punto de fornicar con Enero y Marzo, Viernes su ex esposo se encontraba más borracho que una cuba y arañando las paredes se aproximaba a ella ¿Será que Martes será un día indiferente, aburrido y sin chiste?

—¿Qué onda Malena? ¿Cómo te la estás pasando?
—¿Tú miserable cerebro no registró que vivimos juntos hace cientos de años? Me llamo Martes corazón y me la estoy pasado uffa… ¿Cuál era el objetivo de esta fiesta? Que todos acaben estúpidos menos yo.
—Como cada semana, hoy es mi cumpleaños ¿Cómo crees qué voy a olvidarte Malena? Si contigo viví los años más felices de mi vida ¿Quieres una copa?
—No gracias, tengo una botella.
—Ya decía, por algo me enamoré de ti.
—Me cae que los romanos estaban ebrios cuando te concibieron, tú no debiste llamarte Viernes, debiste ser Baco o Vaca.
—Tú dime como quieras, dime Juan Camaney, dime Don Juan tenorio… ¿Sí te han dicho que tienes unos ojos muy lindos?
—Me cae que tú no tienes respeto por ti, ni en los días santos.

Martes se sobresaltó al observar a Lunes y Abril que se aproximaban a las escaleras; seguramente los muy cerdos ya estaban tan calientes que les urgía largarse a un cuarto para hacer sus marranadas. Y Martes no podía permitirlo, sino por nada ella tenía ese nombre que representaba al dios de la guerra ¿Dónde había quedado su fuerza? No podía quedar sobajada por aquella putita que reía como estúpida ante cualquier palabra insulsa de su amor. De un sorbo se terminó media botella y se dirigió a ellos con pasos felinos.
—Se la están pasando muy bien ¿Verdad?
—¡Martes! Pensé que ya te habías ido.
—Me quedé en la terraza platicando con Agosto, es un mes tan cálido y divertido. Que te cagas.
—Deja te presento, Martes, ellas es Abril, Abril: Martes.
—Claro que la conozco, al año vivo cuatro días bajo su piel. Además sé que el origen de su nombre viene de  Aphrodíte, la diosa de la lujuria, de la belleza ¿Verdad que todos estos siglos la hemos pasado muy bien juntas?
Abril ya no podía articular palabra, sólo se reía como descerebrada y abrazó a Martes por la espalda acariciando su cabello.
—¿Qué pasaría de tener a esta lujuriosa y a la diosa de la guerra juntas?... ¿No te gustaría Lunes? Luna, Lunita, Luneta ¿Qué? Por ser el primer día de la semana no tienes la fuerza para divertirnos.
La fiesta era un caos, las bocinas se tronaron, sobre la mesa quedaban botellas, montañas de colillas de cigarro y residuos de coca. El alcohol ya era chicloso en el piso y una pared estaba manchada de sangre. La música no paraba y el amanecer de Sábado no aparecería porque él seguía hundido en un sillón besándose con los meses que poseen el otoño.
Los tres subieron las escaleras. Martes sujetaba con fuerza su botella que estaba a punto de acabarse, Abril echaba las carcajadas más fuertes y Lunes tenía una sonrisa de oreja a oreja. Cuando cerraron la puerta Martes se abalanzó sobre Abril y aunque Lunes intentaba abrazarlas quedó fuera del juego, porque Martes se enredó como serpiente en el cuerpo de Abril que tenía los ojos estúpidos e inyectados de sangre; sus gritos de placer resonaron en las paredes cuando su amante la sentó sobre sus piernas. Martes  miró de manera fulminante a Lunes que se encontraba sentado en el piso, bebiendo las miserias que habían quedado de la botella de Whisky, bebió hasta quedarse dormido y cayó al suelo. Las chicas siguieron hasta que despuntó el amanecer de Sábado, seguramente ése cabrón tenía los ojos rojos y con la peor resaca, pero su ausencia apenas fue suficiente para derrochar placer.
Los primeros rayos de sol iluminaron el rostro de Abril que se encontraba en un sueño profundo, Martes fingía dormir y con los párpados medio abiertos observó el momento en que Lunes se levantó y se dirigió a la ventana para contemplar la ciudad. Fue entonces cuando ella se puso en pie para agarrar la botella que había quedado vacía y con todas sus fuerzas la estrelló contra el cráneo de su amante.
Desde ese amanecer ella no puede dormir, no por lo que mencionen en los diarios amarillistas, ni por el peso de la ley, sino porque ya no existe Lunes y sabe que para los humanos, ella ahora será el día más odiado.

Fotografía (the burn):janefultonalt.com

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