CLICK HERE FOR BLOGGER TEMPLATES AND MYSPACE LAYOUTS »

martes, 18 de marzo de 2014

Guiengola



Tu cráneo luminoso abre la noche en que huyes como demente, en sudor escurre la bandera de libertad, victoria es lodo que embarra los pies de fuego, eres el astro que se revela a la caída de la noche; luz que ilumina árboles secos, serpientes con muerte en el hocico, aves míticas despiertan y en su vuelo irradian calor a esta noche que nos muerde las venas.

La sangre centellea al abrirse tu torso de centauro.

La tiniebla escupe el meteoro detrás de la montaña con corona de pirámide, los puntos cardinales encarnan en tu espalda, constelaciones navegan en la palma de la mano, tu pulso se desborda en mi pecho como río que nace de la cabeza de un dios decapitado en la noche y en su lengua resplandece las ruinas de Guiengola.

Muertos sonríen con las cuencas inundadas de diamantes rojos.

En este reino nacen ojos en las piedras, la corona de los árboles se ilumina, tres círculos encienden la noche que comienza a caer en pedazos. La plegaria que pronuncias se eleva y destruye cielo, la promesa que pactas con tu sangre escurre de mis labios, tus suspiros se enredan en mi cuello y detrás de nosotros pirámides abren la tierra.

El agujero negro se aproxima y cobra forma de corona.

La tierra encubre huesos de otros amantes, tarántulas fluorescentes tejen el horizonte, estrellas se desprenden en espirales y el mundo es trono desvencijado por la muerte. Somos calaveras danzantes con las manos llenas de flores que se desprenden de la sangre y en el viento constituyen el umbral luminoso.

Seguimos la luz de sus entrañas y todo desaparece.