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lunes, 11 de febrero de 2013

La espuma de la noche


31 de diciembre del 2012

En un parpadeo, el mar te llegaba a la cintura, giraste el torso y al sonreír, decidí seguirte. Nuestra fuerza se concentraba en nuestros brazos, que se afianzaban a nuestros cuerpos, como si fuera lo último que tuviéramos antes de morir. Fuimos dos gigantes que revolvían el mar o suicidas escribiendo las últimas palabras en la espuma de la noche. La muerte estaba en la corriente que nos jalaba a las profundidades. La velocidad de tu corazón golpeaba contra mi pecho, nuestros cuerpos se abrieron y nuestras almas se volvieron navegantes. Fuimos dos luces trazando un camino entre las olas. Las estrellas se desplomaron y el mundo por un instante fue espuma.


Desperté sobre la arena, los rayos del sol irritaban mis ojos ¿Te hundiste como los barcos? ¿Despertaste en otra playa?...Turistas aparecían trotando, con audífonos puestos, disfrutando de sus vulgares vacaciones. Al levantarme descubrí en mi cuerpo tus tatuajes: En el pecho palpitaba la frase: “Todos los ríos van al mar, pero el mar no se desborda” y seguramente la espalda la tenía cubierta de estrellas.

No te encontré en el templo abandonado ni en el cementerio y en la cima de Punta Cometa el atardecer era pintura fresca derramándose.

A lo largo del adoquín, cuelgan piñatas. Los niños sujetando palos, están ansiosos por romperlas. La gente toma cerveza y unos ya están borrachos, los perros andan hambrientos, vienen y van… ¿Dónde te metiste? Esa anciana afuera de la tienda me observa y su mirada me intriga. Pasaré a su lado, quiero verle el rostro de cerca.

La gente se prepara para recibir el nuevo año y grita al unisonó:

10, 9, 8,

—Criminal

7,6

—¿Qué dice señora?

5,4
—¿Cómo te atreves a estar aquí?

3,2, 1…

Fuegos artificiales estallan en el cielo, piñatas revientan y en el piso revotan dulces.

—Seguramente el diablo te cambió la cara, pero los tatuajes delatan tu culpa.
—Estos tatuajes no me pertenecen.

Yo creo te los tatuaron en la cárcel y por eso los lugareños me miran con repulsión. Debo ponerme una playera ¡Debo irme! El camino para llegar a la carretera se alarga, se vuelven cuadras y lotes baldíos. Al llegar, encuentro una bocanada, animales emiten ruidos y la oscuridad golpea. Dos luces alumbran el asfalto.

—Súbase primo, nosotros vamos a la fiesta del centro, al mero sonidero.

Los tres hombres a bordo están borrachos, la carretera es estrecha y llena de curvas; en cualquier momento caeremos al barranco.

—¿Quiere mezcal?
—Sí.
—¿La fiesta no estaba buena en la playa?
—No.
—No se agüite primo. La fiesta en el centro se pone chingona… ¿Usted está herido? Tiene la playera manchada de sangre.
—Son tatuajes.
—¡Pues quítesela! Además hace un calor de los mil demonios.
—Mejor dame más mezcal.


Luces adornan las paredes del centro, sobre el asfalto el viento mueve trozos de piñatas y la central está vacía. El primer camión con destino a Oaxaca parte a las 9 de la mañana y apenas pasa la media noche. En el quiosco, el pueblo está de fiesta y en cualquier instante el sonido tronará las bocinas Aquí se baila cumbia y las parejas bailan pegadito. Entre la multitud, descubro a la anciana que me observa. Debe ser el diablo.

—¿Quiere otro mezcal doña?
—Todos los ríos van al mar, pero el mar no se desborda.
—Esas palabras las tengo tatuadas en el pecho.
—¿Qué nueva historia puedes contarme con los 90 años que me cargo? El hombre que buscas, no lo encontrarás. Eres un delincuente, porque ustedes dos, se acabaron toda una vida en una noche.
—Usted dice pura tontería, está borracha.
—¡Ve atrás de mi espalda!... Ahí está la muerte, esperándome y se ríe de ti. En las noches yo paseo con ella.

La anciana con pasos lentos desaparece en la calle.


En un parpadeo, el amanecer despunta, en el suelo acabaron algunos borrachos, sobre las bancas otros duermen, en el quiosco una pareja se besa y ¿Quién canta canciones de dolor?

¿Qué personas viajan el primer día del año? ¿Los sonámbulos, lo neuróticos, los que se casi se los cargó la muerte, los que no celebran nada…? Es absurdo estar sentado aquí, con el boleto de abordar en la mano, viendo a través de cristales el amanecer.

¿Qué haré con los tatuajes de un extraño? Espero que tú, te hayas quedado con mis miedos…
Con una mochila en los hombros, apareces corriendo.

—Pensé que habías despertado en otra playa…

Sin detenerte, giras tu torso, me miras y sigues tu camino.

—¡Pensé que habías muerto!

Y sin detenerte, vuelves a mirarme:

—No intentes entender nada. Yo tampoco olvidaré la noche…

Los andenes son caminos que despuntan a barrancos. Te descubro subiendo a un camión que cierra las puertas y arranca.

—Disculpe señorita ¿A dónde va ese camión?
—No lo sé, no pertenece a ninguna línea de aquí.
—Disculpe señor ¿A dónde va ese camión?
—¿Cuál?
—El blanco, que va allá…
—No veo nada.

¿Por qué no te detuviste? ¿Pensarías que estoy demente al confesar que tus tatuajes se encarnaron en mi piel? Quizás son residuos de una pesadilla. Siento calor en las letras tatuadas en el pecho. El viento sopla con fuerza e impregna olor a tierra mojada, en el cielo el sol asciende y una parvada de pájaros vuela con dirección al norte y rasga el cielo. Los perros ladran, las calles se llenan de agua, formando ríos que se llevan casas, animales, personas.
Todos los ríos van al mar, pero…


Fotografía 1: Sdzislaw beksinski
Fotografías: Caro Castillo Neri, Azalia Ortiz, Yazmín Ortega

1 comentarios:

Anónimo dijo...

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