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martes, 8 de octubre de 2013

De cualquier manera me iré al infierno


Guadalupe, la reina de los mexicanos.
La virgen de Tlatelolco, mejor conocida como “La Tlatelove”.
La virgen de la Concepción, mejor conocida por sus amigos como “Conchita´s virgin”.
Juan Diego, oriundo del Tepeyac y enamorado de Guadalupe.
San Judas, apodado el Judi.
San Charbel, novio formal de Tlatelove.
Jotos, chundos y otras quimeras.


—Esta noche no quiero festejar mi cumple con toda la bola de nacos que siempre van a la basílica. Quiero ir una fiesta con gente bonita, así que pónganse guapas ¿Quién me va a planchar el pelo?
—Yo Lupita, pero primero quítate esa pinche corona de picos, que así no se puede ¿O quieres ir a una fiesta punk? Haber trabajado en una estética me hizo una experta ¡Hasta que me consagré! Respondió Conchita apagando su cigarro en el cenicero.
—Oye Tlatelove, lánzate por el mezcalito que está en el refri, el que me trajo Juan Die. La niña virgen de Tlatelolco se dirigió a la cocina y mientras servía los tragos; preguntó:
—Se ve re bueno ¿De dónde te lo trajo?
—Es artesanal de la condesa. Aunque el pinche Juan Die presume que lo trajo de Oaxaca. Es un pinche indio creído que ahora se las da de muy acá. Si ya tiene todo su emporio en Xochimilco con más de 20 trajinebrias. El puro biyuyo el cabrón, pero no saldría con él aunque me ruegue y me traiga rosas todos los días. Yo soy de otro código postal. Y tú bitch ¿Con quién andas saliendo?
—No me saco de la cabeza al pinche maguito sonric´s. Respondió Tlatelove.
—¿Todavía sales con San Charbelito? Que aguante ¿Cuánto llevan?
—257 años ¿Lo puedes creer? Ay, es que tiene una vergota debajo de esa sotana que me tiene enculada.
—¡Salud! Cof, cof… ¡Ay cabrón está re fuerte! Pinches fresas de la condechi, si saben hacer mezcal.


Las tres divas de la religión brindaron sin parar, una y otra vez. Después de tres perfectos planchados y un gran maquillaje al estilo J Lo; Lupita le soltó la sopa a Conchita´s Virgin:
—Yo te quiero un chingo manita, estás bien guapa. Te tengo que decir una cosa de amigas. La verdad es que me acosté con tu güey la semana pasada. Fue una noche de copas, fue una noche loca. Mi pinche querubín, mi criado, no estuvo para cuidarme las piernas, seguro andaba metiéndose el pinche cuerno por el culo. Me salió bien jotito el güey. Yo no discrimino porque me hace bien la chamba, pero ese era su día libre, así que el pinche Judis se aprovechó de mi pureza. Tu sabes que lo virgen se lleva en el espíritu, no en el cuerpo…Bueno, eso dicen las liberales, las putas contemporáneas, como las quieras llamar ¿Me vas a perdonar nenita?
—Vete a la verga pinche María Guadalupe…Bueno ya, me da igual. Ningún pinche santo verde arruinará nuestra amistad. Sabes que te quiero güey. Y si no te vas a coger al Juan Di, pues préstamelo un rato. Los chacas me dan morbo. Ya ando bien peda ¿No tienes agüita mineral?
La Tlate tuvo un arrebato de emoción:
—¡Amigas! Son como mis hermanas. Me da mucha pena verlas así. Yo soy la Tlatelove, porque es mejor hacer el amor que la guerra. Hagamos un pinky promise: forever firends!


Después de un bombardeo de cursilerías y arrumacos virginales se dispusieron a salir; no sin antes hacer una última ronda de meterse el dedo en la garganta para sentirse como nuevas.
Salieron y abordaron un taxi. Se dirigieron a un popular club nocturno de la ciudad, mejor conocido como Calígula grill bar and table dance. El chofer abrió la puerta y las chicas hicieron una entrada triunfal.
—Ayúdame pinche Tlate, ya se nos fue de hocico la Concha.
—Me estás albureando perra…ah, ok, ya entendí ¡Levántate Concepción! Me estás haciendo pasar un oso.
—Debemos llevarla al baño… ¡Joven, joven! Unos hielitos por favor. Ahorita te refresco la nuca mana y te vas a sentir como nueva.
Al sentir los hielos en la nuca, Conchita´s virgin reaccionó:
—Ay, no veo nada ¿Segura que el mezcal era de la condesa? A mí se me hace que le pusiste una tacha. Tengo vértigo ¡Y ya déjenme! Yo puedo sola carajo.
Después de recorrer el antro luciendo sus últimos modelitos, se dispusieron a buscar la mesa de los chicos.
—Allá está Maguito Charbelito y San Sebas. Vamos chicas, caminen derechas.
A lo cual, Conchita reaccionó:
—Yo ahorita las alcanzo, siempre si voy al baño.
Después de una ronda de coquetos cócteles, escucharon una acalorada discusión proveniente del baño:
—Pinche Judas cabrón ¿Por qué te estás cogiendo a esta perra? Y en el baño de mujeres. Lo nuestro terminó ¡Oíste! No me vuelvas a buscar, a ver si esta pinche reguetonera te hace el trabajito como yo ¡Agáchate que voy a prender un cigarro! Es lo único que haces bien. Eres un pinche encendedor ¡Es lo único que eres para mí!
Conchita salió corriendo del baño, las chicas se percataron y como buenas amigas fueron tras ella. Afuera del antro:
—Señoritas, no puede dejarlas pasar en ese estado.
—Cállate pinche gorila ¿Sabes con quién estás hablando? Con la inmaculada Guadalupe ¿Cómo te quedó el ojo? Ni en tus mejores días vas a tener el privilegio de que te escupa. Además hoy es mi cumple y me la quiero pasar chido. Y tú Concepción ya cállate, todos sabíamos que te ponía el cuerno, tu misma lo sabías. Mejor vámonos a Garibaldi, ahí tengo mariachi gratis toda la noche ¡Porque yo soy la mera madre de este pueblo chingado!
Tlatelove paró un taxi y de aguilita subieron a Concha.
—Llévenos al centro caballero del volante. Ordenó Lupita, mientras comenzó a sonar su celular:
—Ay, esperen está sonando mi iPhone. Ash, otra vez este indio…Bueno, mira tengo muchas ganas de verte, la verdad es que eres muy lindo, muy tierno pero entiéndelo; no eres tú, soy yo… No puedo andar contigo Juan Di, sabes que soy una virgen, pero ve haciendo puntos y hazme un buen regalito el día de hoy…Al ratito te marco para que te conectes una buenas rayas como las de la fiesta de la virgen de Zapopan…Ella es una pinche atascada ¡Ay no te creas! Se me olvidaba que es tu amiga. Es que la neta las provincianas y más las jalisquillas se me hacen bien pendejas…¡No mames Concepción! Otra vez volviste a vomitar en el taxi. Joven yo le pago la lavada. Tengo que colgar mi querido azteca.


Descendieron del chorreado taxi en plena explanada de Garibaldi. Los parroquianos que transitaban, escucharon las mentadas de madre del furioso servidor del transporte público. La Tlatelove trataba de entablar un cordial diálogo:
—No mi corazón, no nos hables así, no somos unas putas, deberías tenerle más miedo a la condenación de tu alma, somos unas vírgenes ¡Ya no hay respeto! Te vamos a pagar lo que se debe. Todo es amor y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.
Guadalupe fue la que dijo la última palabra:
—Deja de ser tan cursi y manda a la verga este cabrón. Ya se las verá con Lucifer. No creas que se me va a olvidar su cara.
La gente se amotinó alrededor de las tres figuras celestiales.
Conchita apenas podía mantenerse en pie:
—Haber cabrones, nosotras no nos rozamos con la pelusa, de lejitos por favor y no photos, que no vamos para el templo, ni es romería, porque esta noche tenemos mucha actitud. Y apenas estamos calentando motores.
En la pulquería la Guadalupana (valga la redundancia) Se chingaron unos cuantos curaditos de guayaba. Al salir les pegó el airecito, entonces decidieron ir al mercado a zamparse un caldito de camarón para asentar la panza. Lupita, dio un trago a su cerveza y exclamó:
—¡Ya basta de mamadas! Vámonos a algo turbio, apestoso y oscuro ¿qué me recomiendan muchachas? Yo no tengo mucha experiencia en estos lares.
La Tlatelove mientras remojaba su bolillo en el caldo, le contestó:
—Mi amor, nenita, corazón. No tienes por qué ocultarnos las cosas, sabemos que no sales del centro, no pasa nada, no te vamos a juzgar. Pero bueno, ya que insistes, te recomiendo el 33.A estas horas ya estará Paquita la del barrio dando todo de sí ¡Concha! Concha no te duermas dulzura que te vas a volver a marear y vas a sacar el caldo ¡Señito la cuenta!
—Ya me siento como nueva ¡Son lo máximo! ¡Las quiero! Y no más pa acabar de despertar, háblenle al de los toques ¿haber quién aguanta más perras?
AAAAAAAAAhhhhhh


Después de 50 voltios y tres cuadras; llegaron al 33…
—Este es tu pinche antro interesante ¿Y ese bodrio es Paquita? No mames pinche Tlate, te pasaste de naca, bueno, pide tres tequilas en lo que hacemos la investigación antropológica.
A lo que concha respondió:
—No te esponjes ¿No ves que hay rockola? Ya quiero bailar unas cumbias.
Tequilas, tequilas, luego chelas, más tequila, limoncito, salecita. Ronda de canciones. Uno que otro lloriqueo, uno que otro: te quiero güey vales mil.
—Quiero ir otra vez al baño, pero me da miedo, vamos las tres para platicar y conectar unas rayitas ¿Va?
Tambaleándose subieron las escaleras. En el segundo piso, Guadalupe se sorprendió:
—Esos jotos que están ahí se parecen al Charbelito y a Judas.
—No puede ser, si se quedaron en el table, revolcándose con esas perras.
La Tlate respondió oronda al comentario de Concepción:
—No chata, el único que se estaba revolcando con una bitch era tu pinche Judas. Mi Charbelito es un santo y ni quién lo dude. Mira yo soy buena por las buenas, pero por las malas soy una leona rabiosa. Ese hombre no se toca, te lo digo amiga mía. Él si me respeta, no que a ti…Ay, ay, creo que si se parece mucho a mi Charbel, pero es que está muy oscuro y así todos los gatos son pardos.
Lupe se llevó las manos a la cara:
—Sí son ¡Sí son! Son Charbel y el Judas; sí son ellos y si son putos. Cabrones, cerdos, se lo tenían bien guardadito. Seguro aquí se la pasan. Ya se les quemaban las habas por venirse a restregarse a este pinche antro del mal ¡Qué horror! Pobres almas en desgracia que sufren necesidad…
La Concha (y no precisamente de su madre) Se puso como loca y se les lanzó con las uñas de gel por delante.
—Te la pasas viéndome la cara, hasta con este pendejo me pones el cuerno ¿Qué sigue? ¿Tirarte a un perro? ¿A un niño? Me das asco.
El famoso santo de la sotana verde se quedó estupefacto al ver el rostro, más bien las uñas de su disque amada. Rápidamente cubrió sus partes con su túnica y Charbel corrió despavorida al baño.
—No mi amor, estás malentendiendo las cosas. Charbis y yo sólo estábamos platicando.
—¡Ha sí puto! ¿Y cómo explicas esa sotana chorreada de mecos? Me das asco ¡Asco, asco, asco! Ni siquiera la marica de Sebastián llega tan bajo como tú.
La Lupe salió al rescaté:
—Haber, haber, haber, es mi cumpleaños y sus escándalos y sus vidas retorcidas me vienen valiendo un pito y como aquí no hay uno para mí; nos largamos de este cuchitril.
Tlatelove hecha un mar de lágrimas, sólo pudo murmurar:
—¡Yo que te di tanto amor! Yo que te cuidaba ¡Te quería! Me fallaaaastee…


Las tres salieron orgullosas, más no triunfantes de pintoresco lugar. En la salida se les pegaron unas cuantas jotas despechadas que proponían hacer un after. A la Lupe le pareció una excelente idea:
—¡Vámonos a mi mansión! Es mi cumple y me la quiero pasar chido.
Tres o cuatro taxis se dirigían veloces hacía el cerro del Tepeyac. Y ya en casa de la Lupe y al abrir las complacencias musicales con un buen reguetón, de pronto, en la calle, comenzó a escucharse música mariachi:
—Yo que fui del amor ave de paso…yo que fui mariposa de mil floreeeeees…
—Iuuugh ¿De quién son esos pinches berridos? Preguntó una jotilla.
Tlatelove fue la primera en asomarse por la ventana:
—Ay lupita corazón moreno ¡Es el Juan Di! Ya no le des la aviada ¡Mira que romántico! Te trajo serenata ¿De donde habrá sacado esos músicos? Están re totonacas, porque de Garibaldi no son, pero que detallazo.
—Que suba con todo y totonacas que estoy bien caliente. Por puro despecho ahora sí me chingo al que sea—Exclamó la Concha—.
—No, no, yo te voy a cuidar manita. Ninguna mano insulsa usurpará tu templo de placer. Juan Die ¡Súbele! Ya no hagas mamadas que los vecinos otra vez vendrán a chingar.
Copas, copas ¡Salud! Otra canción, un brindis, un brindis por la cumpleañera ¡Te amo amiga eres lo máximo! ¿Por qué no salen del baño? Pinches jotos, quiero entrar yo con este chacal. Deja a mi amiga. Conchita lánzate por otros vinos ¿Quién va a picar las rayas? Un toquecito ¿Por qué no? ¡A bailar! La puta de la cabra ¡Ya tiraste la chela! Una de Britney, una de Britney ¡No! De Madonna…


Las tres alegres muchachas, porque de vírgenes surge la duda, despertaron por aquello de las tres de la tarde: El dolor de cabeza era insoportable, el olor del departamento por igual. Una a una fueron reaccionando:
—Mi cel está sonando ¡No mames! Veintiocho llamadas pérdidas. Son de Charbel, lo extraño mucho ¿Qué hago, lo perdono?... ¿Por qué no tengo bragas?
—No chinguen ¿Quién nos cogió? No recuerdo nada, tengo un black out ¿Y Lupe dónde está? Haber, párate a buscarla ¿Ya viste en el baño?
—Sí, sí, aquí está abrazando a su amiga de porcelana. Ya Guadalupe, ya no tienes nada que echar ¿Dónde dejaste al indio?
—Un indio quiere llorar, pero se aguanta las gaaanas. No sé y me vale madres, aún estoy peda y me la quiero seguir pasando chido; vamos al Oxxo por otras caguamas que este finde es puente y lo que pase mañana dios dirá ¡Ay con tu perdón jefecito!
—Mi reina, corazón, morenaza de bronce ¡Por eso te quiero tanto! Órale Concha, tú te lanzas por las caguamas, en lo que la Lupe y yo ponemos una ronda de canciones de despecho en el yutubi.

Primera parte de tres cuentos.

martes, 6 de agosto de 2013

La última canción



En esta azotea el verano se desborda en nuestros cuerpos. Aventamos nuestras camisas, el viento las agita como nebulosas y desaparecen en el océano de luz —El vuelo de los aviones sacude edificios, árboles, el sueño de los vecinos y nuestros cabellos—. La noche nace en mis entrañas y en la punta de tu lengua que se pierde en mi pecho; tu sudor navega en mi piel y nuestro olor impregna el espacio. Tu aroma me despertaría aunque estuviera muerto —En el cielo los aviones son aves que descienden a nuestras espaldas, en la pista de aterrizaje—.

Desde el cielo nos espían como perros de azotea que ladran a la noche.

En esta azotea atravesamos el mundo, los días y las noches en un solo parpadeo; y nacemos y morimos y renacemos para encontrarnos. El océano es una inmensa ola que se forma en el horizonte. Tu risa psicópata despierta mis soles dormidos, mi lengua es pirotecnia y con sólo alzar los brazos rasgamos el cielo. La ola revienta contra el edificio y cimbra; está a punto de derrumbarse.

Las luces se adhieren a nuestros cuerpos y en tu pecho quedó atrapada una constelación; las aves en su vuelo se llevan la ciudad y nos elevamos al cielo como luciérnagas.

lunes, 20 de mayo de 2013

El mejor de mis amantes



La noche roja

En tus ojos la noche encendida, en tu boca besé la sangre y la guerra y mis labios se deshilaban. Sentí mi pulso en las venas y te agarré las manos. Un escapulario colgaba de tu muñeca izquierda. Rosando tus labios, pregunté:
—¿En qué tienes fe?
El escapulario tenía la imagen de un santo sin ojos.
A mi oído susurraste:
—Lo uso por si me llegan a matar, así no tengo que pagar mis culpas en el purgatorio.
Me callaste con tus labios y entonces me importó un carajo tus crímenes o tus mentiras. Tu cuerpo fue mi noche. Atrás de tu espalda, en el Eje Central se desbordaba un río de luces, la velocidad estaba en nuestras lenguas y en el sol que aparecía en el cielo.


La noche azul

De tu boca abierta el calor cobró forma, de tus pestañas nacía otra lluvia; en tu pecho mis manos se hundían, tus brazos reventaban como las olas y así fue como me hundí al fondo del océano.

La noche amarilla

Llegamos a un pueblo cubierto por niebla y las casas eran el esbozo de una pintura. Caminamos hasta las puertas cerradas de un templo y ahí comenzó nuestra fiesta. Destapaste una cerveza, luego otra, otra… y cuando quedaba la última, confesaste:
—Toda mi familia está muerta.
Al acabarme la última gota corrí a la cantina que estaba frente al templo. A la distancia escuché tu risa. De mi cartera saqué monedas y las metí en la rockola. La música sólo fue nuestra. Al mirar atrás estabas sentado y sobre la mesa tenías una botella de mezcal. No recuerdo nuestras palabras, sólo tus pupilas enormes que navegaban rumbo a ninguna parte.
Bailamos y mis dedos helados se encajaban en tu espalda. Tu pecho contra el mío rompió los límites de nuestra piel, nuestra sangre se encausó en el mismo río, tu corazón palpitaba con fuerza y se escuchó el ruido de un tambor ante el inicio de una guerra. Las canciones se acabaron y al salir de la cantina corrimos como dos dementes. Tu cuerpo se desdibuja entre la niebla y entramos en el cementerio.

Jesús Antonio Arcadio Rosales de la Vega 1890—1960
Magdalena de los Ángeles Guerrero Gonzales 1881—1905
Teodoro Guadalupe Judas López López 1875— 1945

—¿Qué letras estarán grabadas en nuestra tumba? ¿Qué epitafio elegirías?
—El Tairi Gutiérrez 1985 — 2013. Nació con amenaza de muerte y así vivió hasta su última noche.
Los mausoleos estaban cubiertos con flores, veladoras estaban encendidas, estábamos en el sendero que nos llevaría a otro mundo. Al mirar tu rostro estaba más afilado. Fuimos dos calaveras andantes y agarrados de la mano llegamos hasta la capilla, donde resplandecía una virgen en forma de campana.
—¿Qué epitafio dijiste?
—Gracias.
—¿Gracias?
—Gracias a ti.
Y toda la noche tus plegarias resonaron en mi boca.



La noche gris

—Perdí mi escapulario.
—Quizás se te cayó ayer, en el pueblo, en el cementerio.
—¡Puta madre!
No podías con tu cara de angustia y yo no sabía que decir, porque sólo sé decir las palabras acertadas que me enseñaron desde niño. Cuando alguien se muere, cuando alguien se casa, cuando alguien triunfa y si una persona está triste “no te preocupes porque todo saldrá bien”. pero yo quería decirte algo más ¿Qué decir cuando alguien pierde un escapulario? ¿Cuándo alguien pierde la fe en un pedazo de tela?
—Lo importante es tu fe; no la fe en los objetos.
Frunciste las cejas, diste media vuelta y mientras te alejabas; exclamaste:
—Iré al cementerio a buscar a mi santo.
Presentí que no te volvería a ver.



La noche violeta

—Al regresar al cementerio sólo encontré perros.
—¿Qué dices?
La música sonaba fuerte, las luces del antro iluminaban nuestros cuerpos, sobre la mesa había una fila de cervezas, en un parpadeo te perdiste entre el tumulto y las canciones me llevaron a diferentes lugares.
Apareciste y en tu rostro escurría agua.
—¿Qué hacemos aquí?
Dejaste el auto a dos cuadras y dos borrachos se recargaban en él. Con pocas palabras los conocimos, acabamos abrazados y rozando nuestras bocas, el de la barba roja preguntó “¿Qué donde la seguimos?” Y los subiste al auto.
La música acabó por reventar las bocinas. Yo no sé de donde seguían apareciendo cervezas, tampoco el momento que abandonamos la ciudad, ni porque la noche se extendió. Imaginé sería el puente que nos llevaría a un nuevo destino. Los de atrás hablaban y reían, se quitaron las botas y la ropa. Uno de ellos me besó el cuello hasta acabárselo. Al mirarte, el otro cabrón estaba pegado atrás de tu asiento y tú con el brazo izquierdo metías tus dedos entre su cabello de espuma. No recuerdo que ocurrió, en qué momento se te marcaron las venas en la frente y echaste a los invitados del auto, sin ropa y al verlos por el retrovisor me reí y tú les mentaste la madre.

Estacionaste el auto frente a un campo, eso yo creí, pero tu jurabas que era un lugar en ruinas. Al bajar del auto te quitaste la playera y gritabas palabras ahogadas en tu garganta. Mi intuición fue imitarte y nos quedamos sin voz, descalzos pisábamos la hierba roja y nuestras huellas quedaron grabadas. Al adentrarnos en el campo, la hierba crecía como hiedras que se enredaban en mi pecho que en cualquier momento estallaría. Las puntas de las hierbas centellaban luz en la más honda oscuridad. Agarraste tu cabeza con las manos, de tu boca escupiste todos tus demonios y danzaron entre nosotros. Se esfumaron cuando el sol apareció arrojando flechas en el cielo y al caer flecharon nuestra piel. Nuestras vísceras salpicaron el paisaje; futuro alimento para buitres y nuestros huesos las cruces enterradas en el lodo, evidenciarían nuestra historia. Cuando ya no quedaron ni nuestras uñas; nuestra esencia incendió la hierba.



La noche negra

Al despertar las sábanas estaban enredadas entre mis piernas y las luces de la ciudad iluminaban el cuarto. Tu calor lo palpé sobre el colchón. Me levanté, pisé la duela y salí de la habitación. Desde el pasillo te observé hincado en la sala frente a tu altar, sobre él resplandecía el fuego de las veladoras, iluminaban las fotografías de todos tus muertos y contra la pared se movía la sombra de tu santo. En tu mano izquierda sujetabas una pistola y la persignaste varias veces. Tus rezos fueron murmullos que no pude descifrar. Te contemplé clandestinamente. La noche se acabó cuando agarraste la botella de mezcal, le diste un gran sorbo y escupiste sobre las veladoras apagando su luz.

La noche blanca

—¿En qué momento tus ojos se hicieron más grandes? Como los de una bestia, dentro de ellos resplandece luz dentro de un túnel.
—Ojalá te hubiera conocido en otro tiempo, en otro momento. Te lo confesé desde que te conocí, hoy es la noche, hoy ya vienen por mí.
—¿Quiénes? ¿Sicarios? Dime ¿A qué pinche bando perteneces? Crees que no me doy cuenta de tus movidas ¿O de qué manicomio escapaste?
—No entenderías o más bien no me creerías.
—¿Piensas que estoy idiota?
—No.
—Lo que vivimos es un juego.
—No
—¿Entonces?
—Gracias.
—¡Gracias! ¿De qué? ¿De qué chingados?
Al arrojarte al precipicio tu cuerpo hizo un hueco en el océano. Las olas reventaban llevándose la playa. Seguramente vivimos en un sueño, dentro de otro sueño, porque esto no me puede estar pasando a mí ¡No! ¡La vida no es un sueño! Pero yo ya quiero despertar para encontrarte. Tu rostro se dibuja bajo mis párpados ¿Qué letras me dijiste que querías en tu epitafio? ¡Dónde estás!¿En aquel pueblo del que nunca supe nombre? ¿En el cementerio? ¿Con todos tus muertos? ¿Pagando tus culpas en el infierno? No te he vuelto a topar caminando sobre el Eje central.
Sobre el colchón encontré tu escapulario, pero este santo sí tiene ojos y tiene la mirada perdida en la noche.

Pintura: Rubén Alpízar

sábado, 23 de marzo de 2013

Duelo de titanes



Magno concierto de rock ecléctico “Figuras celestiales”, artistas:

-Telonero sorpresa.
-La Lupe.
-San Judas Tadeo.
-Yisus.

Andaba con el Blondie y extasiado exclamó:

-No mames, el line up está de poca madre.
-Tenemos que ir a huevo.



Me delineé los ojos, me puse mi chaqueta de cuero y fuimos al tan esperado evento.

Al entrar al Estadio Azteca, encontramos un montón de raza; los reguetoneros ansiaban las plegarias de San Juditas, yo iba por la Lupe y también quería ver en acción a Yisus, porque su nuevo disco “Me cago en la hostia” suena atascado y cerdo.

Se apagaron las luces y todo mundo estaba a la expectativa ¿Quién sería el telonero? ¿María Magdalena? ¿San Hipólito? ¿Juan pablo II con su álbum “Im back mother fucka”? Humo cubrió el escenario, se escuchó una voz que parecía venir del inframundo: De Tepito para el mundo, undo, undo, undo…

Los reflectores apuntaron una silueta esbelta ¿Sería la bitch de Magda? ¡No! Se trataba de la mismísima Santa Muerte. Los reguetoneros, que eran un grupo muy nutrido, se prendieron un buen. “Esa ruca es la neta, canta bien chido y se la raja con el beatbox”. Otros estaban molestos y escuché que cuchicheaban:

-Esa vieja es blasfema ¿Qué pedo con OCESA?

La Blanquita, al primer guitarrazo se quitó sus harapos negros, quedó en los huesos, las cuencas de sus ojos estaban perfectamente delineadas, escupió en el escenario y la multitud ovacionó cuando entonó el cover “Don´t wanna Short dick dead”.

La verdad no me late su música, pero me deslumbró porque la batería sonaba como un corazón a punto de estallar. Me tragué mi primera tacha y en instantes me sentí en “heaven”; cuando miré a Blondie, se estaba metiendo hasta los dedos. Todos cantamos al unísono su one hit wonder “Estoy hasta los huesos”. Cuando se le cayó el micro y descubrimos su playback, algunos la abucheamos, pero ella se despidió sonriendo y moviendo el esqueleto.



Apagaron las luces. Cuando volvieron a encenderse, en el escenario desfilaban mariachis y cuando cada uno tomó su sitio; apareció la Lupe con su emblemático vestido y un enorme sombrero charro. Abrió con “Cielito lindo” y todos estábamos que nos cagábamos, cuando terminó la rola, se quitó el sombrero y nos dirigió unas palabras:

-Muchas gracias Méjico, los amo.

Lo que ocasionó algunos desmayos.

-Estoy contenta de pisar este escenario ¡Sigan rezando! Todas sus plegarias las recibe mi manager y por supuesto yo las atiendo, no me dejarán mentir ¿A cuántos no les he hecho el milagrito?

Algunos comenzaron a gritar: ¡Mamacita! ¡Mamacita!

Y ella respondió:

-Así es banda ¡No estoy yo aquí que soy su madre!

Nos pusimos bien locos, más cuando entonó ¡México lindo y querido! A media canción, anunció:

-Esta noche me acompañan mis comadres: Conchitas Virgin, Santa Teresa y la Virgen de Tlatelolco, mejor conocida como “La Tlatelove”.

Al centro se armó el slam, los madrazos estaban con todo y sangre comenzó a brotar de narices y bocas.

-¡Hasta la próxima mis amores!

Se despidió mandando besos, fuegos artificiales estallaron en el cielo, en las pantallas se proyectó la biblia en llamas y cuando acabó en cenizas, sonó el ritmo: “tu catuca, tu, catuca, tu catuca, tu catatuca…”. San Judas apareció con su característica flama en la cabeza, llegó al pretil del escenario y cuando exclamó:

-¿Who is your daddy bitch?

El estadio se convirtió en una zona de perreo extremo, las chicas perdían el control de su cuerpo. Cuando miré a Blondie ya tenía un buen rabo en su pelvis. En ese instante me enamoré de Rosita, se presentó con un: “oh sí, papi, dámelo todo” Su fleco sobresalía alto, lucía un delineado perfecto de cejas y después del perreo nunca la volví a ver en mi puta vida. San Judas cerró con broche de oro, con su hit más sonado, la balada “Esta noche serás mi perra”. La gente comenzó a aventar envases de cerveza llenos de mierda, de lo cual no salí bien librado. Antes de largarse del escenario, exclamó:

-Gracias a todos, los amo. En especial quiero agradecer al Peña, por impulsar nuevos talentos y la cultura en México. Si no fuera por él, este concierto no hubiera sido posible. Aprovecho para anunciar mi próxima participación en la telenovela “la dueña del país” que cada capítulo se pone mejor y quien no lo crea, que le pregunten a la presidenta del DIF o a la ñoña de Lucerdito.

Y alguien gritó:

-ya cállate pinche Judas, me aburres.



Salió del escenario y enseguida se escucharon cantos gregorianos, era el momento del headliner ¡Yisus! De mi pantalón saqué dos tachas, estaba dispuesto a reventarme. Su último tour “this is heavy metal” estuvo formidable.
Apareció envuelto en una capa, tambaleándose, rascando la nariz y acompañado de la Magda Lenuá (recién nacionalizada francesa) y cuando se quitó la capa, sacó su lengua al estilo Kiss y le lamió las tetas:

-You are my bitch beibe.

Y todos comenzamos a entonar “your are my bitch, your are my bitch, you are my bitch”, porque ese era el inicio de su rola más popular. Salió Slash a escena con todos los guitarristas recién llegados del infernapalooza. Nunca había escuchado tanto guitarrazo, sentía cada latir de mi corazón y comencé a sudar frío. Yisus se piró, estrelló su cabeza contra una guitarra, corría por el escenario con la frente desecha, se golpeaba contra el piso y cuando se sacó el pito, unos policías subieron al escenario.

-Usted está detenido.
-Achis ¿Por qué? Si yo soy el rey ¡im Yisus!
-¿Tu eres Jesús? Y yo soy la puta madre que te parió.

Lo bajaron de las greñas del escenario.

Para salir fue un desmadre, la gente estaba encabronada, el estadio acabó oliendo a pura mierda, había gente tirada y bañada en sangre, parecía el puto apocalipsis.

Cuando logramos salir, Blondie y yo nos fuimos de after a mi casa a escuchar los discos de las Spice Girls.

A la mañana siguiente, en los periódicos apareció el encabezado “Figuras Celestiales el evento del año”. En palabras del ex papa Benedicto, que presenció semejante evento desde su palco VIP, declaró a los medios: ¡Excelente concierto! Todos los niños que asistieron muy guapos… saluditos desde Castell Gandolfo…



lunes, 11 de febrero de 2013

La espuma de la noche


31 de diciembre del 2012

En un parpadeo, el mar te llegaba a la cintura, giraste el torso y al sonreír, decidí seguirte. Nuestra fuerza se concentraba en nuestros brazos, que se afianzaban a nuestros cuerpos, como si fuera lo último que tuviéramos antes de morir. Fuimos dos gigantes que revolvían el mar o suicidas escribiendo las últimas palabras en la espuma de la noche. La muerte estaba en la corriente que nos jalaba a las profundidades. La velocidad de tu corazón golpeaba contra mi pecho, nuestros cuerpos se abrieron y nuestras almas se volvieron navegantes. Fuimos dos luces trazando un camino entre las olas. Las estrellas se desplomaron y el mundo por un instante fue espuma.


Desperté sobre la arena, los rayos del sol irritaban mis ojos ¿Te hundiste como los barcos? ¿Despertaste en otra playa?...Turistas aparecían trotando, con audífonos puestos, disfrutando de sus vulgares vacaciones. Al levantarme descubrí en mi cuerpo tus tatuajes: En el pecho palpitaba la frase: “Todos los ríos van al mar, pero el mar no se desborda” y seguramente la espalda la tenía cubierta de estrellas.

No te encontré en el templo abandonado ni en el cementerio y en la cima de Punta Cometa el atardecer era pintura fresca derramándose.

A lo largo del adoquín, cuelgan piñatas. Los niños sujetando palos, están ansiosos por romperlas. La gente toma cerveza y unos ya están borrachos, los perros andan hambrientos, vienen y van… ¿Dónde te metiste? Esa anciana afuera de la tienda me observa y su mirada me intriga. Pasaré a su lado, quiero verle el rostro de cerca.

La gente se prepara para recibir el nuevo año y grita al unisonó:

10, 9, 8,

—Criminal

7,6

—¿Qué dice señora?

5,4
—¿Cómo te atreves a estar aquí?

3,2, 1…

Fuegos artificiales estallan en el cielo, piñatas revientan y en el piso revotan dulces.

—Seguramente el diablo te cambió la cara, pero los tatuajes delatan tu culpa.
—Estos tatuajes no me pertenecen.

Yo creo te los tatuaron en la cárcel y por eso los lugareños me miran con repulsión. Debo ponerme una playera ¡Debo irme! El camino para llegar a la carretera se alarga, se vuelven cuadras y lotes baldíos. Al llegar, encuentro una bocanada, animales emiten ruidos y la oscuridad golpea. Dos luces alumbran el asfalto.

—Súbase primo, nosotros vamos a la fiesta del centro, al mero sonidero.

Los tres hombres a bordo están borrachos, la carretera es estrecha y llena de curvas; en cualquier momento caeremos al barranco.

—¿Quiere mezcal?
—Sí.
—¿La fiesta no estaba buena en la playa?
—No.
—No se agüite primo. La fiesta en el centro se pone chingona… ¿Usted está herido? Tiene la playera manchada de sangre.
—Son tatuajes.
—¡Pues quítesela! Además hace un calor de los mil demonios.
—Mejor dame más mezcal.


Luces adornan las paredes del centro, sobre el asfalto el viento mueve trozos de piñatas y la central está vacía. El primer camión con destino a Oaxaca parte a las 9 de la mañana y apenas pasa la media noche. En el quiosco, el pueblo está de fiesta y en cualquier instante el sonido tronará las bocinas Aquí se baila cumbia y las parejas bailan pegadito. Entre la multitud, descubro a la anciana que me observa. Debe ser el diablo.

—¿Quiere otro mezcal doña?
—Todos los ríos van al mar, pero el mar no se desborda.
—Esas palabras las tengo tatuadas en el pecho.
—¿Qué nueva historia puedes contarme con los 90 años que me cargo? El hombre que buscas, no lo encontrarás. Eres un delincuente, porque ustedes dos, se acabaron toda una vida en una noche.
—Usted dice pura tontería, está borracha.
—¡Ve atrás de mi espalda!... Ahí está la muerte, esperándome y se ríe de ti. En las noches yo paseo con ella.

La anciana con pasos lentos desaparece en la calle.


En un parpadeo, el amanecer despunta, en el suelo acabaron algunos borrachos, sobre las bancas otros duermen, en el quiosco una pareja se besa y ¿Quién canta canciones de dolor?

¿Qué personas viajan el primer día del año? ¿Los sonámbulos, lo neuróticos, los que se casi se los cargó la muerte, los que no celebran nada…? Es absurdo estar sentado aquí, con el boleto de abordar en la mano, viendo a través de cristales el amanecer.

¿Qué haré con los tatuajes de un extraño? Espero que tú, te hayas quedado con mis miedos…
Con una mochila en los hombros, apareces corriendo.

—Pensé que habías despertado en otra playa…

Sin detenerte, giras tu torso, me miras y sigues tu camino.

—¡Pensé que habías muerto!

Y sin detenerte, vuelves a mirarme:

—No intentes entender nada. Yo tampoco olvidaré la noche…

Los andenes son caminos que despuntan a barrancos. Te descubro subiendo a un camión que cierra las puertas y arranca.

—Disculpe señorita ¿A dónde va ese camión?
—No lo sé, no pertenece a ninguna línea de aquí.
—Disculpe señor ¿A dónde va ese camión?
—¿Cuál?
—El blanco, que va allá…
—No veo nada.

¿Por qué no te detuviste? ¿Pensarías que estoy demente al confesar que tus tatuajes se encarnaron en mi piel? Quizás son residuos de una pesadilla. Siento calor en las letras tatuadas en el pecho. El viento sopla con fuerza e impregna olor a tierra mojada, en el cielo el sol asciende y una parvada de pájaros vuela con dirección al norte y rasga el cielo. Los perros ladran, las calles se llenan de agua, formando ríos que se llevan casas, animales, personas.
Todos los ríos van al mar, pero…


Fotografía 1: Sdzislaw beksinski
Fotografías: Caro Castillo Neri, Azalia Ortiz, Yazmín Ortega