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sábado, 8 de diciembre de 2012

El Camino Verde



La noche

El Tonaya casi me hace vomitar. Mejor le paso la botella al profesor de la facultad de derecho, intenta agarrarla pero sus movimientos son torpes, ha dejado de hablar y rechina los dientes. El güey que está a su lado no debe pasar los quince años y, a pesar de quemarse las yemas de sus dedos con lo que queda de la bacha, renuncia a tirarla y a callarse:

—La otra noche un poli entró hasta este punto del bosque y se ligó a cualquier loca. Nada fuera de lo normal. El pedo fue cuando la loca se la empezó a mamar, el poli se soltó a chillar, sacó su pistola y le voló los sesos.

El que tiene tatuado en el cuello el nombre de “Blanquita” lo niega:

—No fue así pendejo, esa noche yo también estuve ahí. El que la mató fue “el abuelo” Un ruco famoso por estos rumbos por tanto putear. El pedo fue cuando la loca después de las chupadas se la mordió.

El más flaco y ojeroso de todos, ya lo había visto antes puteando en los baños de la facultad de filosofía. Se acerca a “Blanquita” y lo ve fijamente a los ojos:

—Ayer un poli que me cogí entre los matorrales, me advirtió que tuviera cuidado, porque en este punto del bosque han sucedido cosas bizarras. Han encontrado cadáveres cubiertos de hierba, con los ojos infestados de larvas y por eso ahora la pinche tira anda alebrestada. Ya van dos veces que me tocan redadas.


El español que está de intercambio por parte de la universidad se quita la playera y grita que este lugar ha sido lo “más chingón” que le ha dejado su maestría. El profesor intenta contestarle, pero sólo logra balbucear y ni metió las manos al caer sobre el lodo. El Blanquita se baja los pantalones y el puberto se le acerca. Al pasarte la botella de Tonaya, me sorprenden tus ojos de búho. Habías estado tan callado que no me había percatado de tu presencia. Le das fondo al último trago y arrojas lejos la botella. Frente a frente tus ojos son más grandes. Al abrir nuestras bocas, humo cubre nuestros rostros. Tu lengua me basta para sentir la noche en las entrañas y en tu espalda descubro ríos, en los que hundo mis manos.

Al separarte de mi boca un hilo de saliva une nuestros labios.

Y te alejas corriendo como demente y yo no entiendo que te pasa. A pesar de las ganas de querer más de ti, opto por no seguirte para contemplar cómo te pierdes en el bosque. Decido quedarme con todas las dudas y guardarme este momento. A la distancia ya te veo como una luciérnaga. Haz desaparecido.


Todos los hombres que hablaban han callado y se han quitado ropa. Me sentaré en esa piedra. En la cajetilla quedan dos cigarros ¿Dónde dejé el encendedor?...Creo que debí seguirte ¿Por qué te fuiste? ¿No te gusté? ¿Encontraste algo en mí que te desagradó? O quizás eres mudo y tenías miedo al rechazo.

No sé si prender el último cigarro…el Blanquita se está cogiendo poca madre al quinceañero. El Blanquita es un guarro que no está nada mal. Me está sonriendo y el puberto ni se da cuenta ¿Para qué pierdo más tiempo? Blanquita es para mí. El profesor tirado sobre el lodo es un obstáculo en mi camino e intenta quitarse la tarántula que camina por su rostro. A punto de llegar a Blanquita, me detengo. En su mano izquierda sujeta una pistola y apunta a la cabeza del puberto.

El camino verde


Se escucha otro disparo, otro grito. Seguramente coincidió el crimen con la redada y yo no moriré aquí, ni acabaré tras las rejas. Entre tanto movimiento no encuentro un sitio para esconderme ¡A cada paso el bosque es más estrecho! Me parece que todos caímos en una trampa, o en un sueño del que ya quiero despertar ¡En cualquier momento despertaré! Y ese helicóptero que vuela por el cielo debe ser solo un ave. Creo que el Tonaya tenía veneno ¡El veneno que me tragué fue tu saliva! y por eso huiste como un cobarde, por eso al besarte quemaste la noche y mis entrañas ¡Quiero despertar! Los policías son unos pendejos que siempre disparan al blanco equivocado y cada bala es un grito diferente. El estertor retumba entre ramas que caen de los árboles ¡No moriré en este nido de arañas! ¿En qué momento el bosque se volvió un camino? Un pasillo estrecho en el que apenas puedo andar. Las enredaderas, la hierba, el bosque ¡Asfixia! y no puedo quitármelo de los ojos.

El amanecer


¿Todos se largaron y me dejaron aquí? Tirado sobre el lodo, entre botellas de plástico y condones usados ¡Nadie pudo levantarme! ¿Cómo es posible que no haya quedado un solo hombre? ¿Y qué pasó después del desmadre? ¡Ya que me importa! Me salvé de estar tras las rejas o muerto…o tal vez… recuerdo que… Cuando entré en el bosque, me topé con un grupo de hombres que tenían la fiesta y pistié con ellos. El Tonaya seguramente me puso tan hasta la madre que acabé tirado y mal viajándome toda la noche, mientras los demás gozaban y se cogían o me cogían porque no siento mi cuerpo. Todas mis heridas no me recuerdan nada más ¡No puedo arrancarme el lodo seco de mi piel! ¡Ni dejar de escuchar balazos al cerrar los ojos!


Ya debo estar cerca de la salida de este pantano. Espero que ahora que llegue a Insurgentes no me detenga la tira por mi aspecto. “¿Dónde pasó la noche joven, por qué tiene esa carita?”... El amanecer trasluce gotas que caen de los árboles y de las plantas. Apenas puedo caminar con tanto lodo y desecho de la noche embarrado en mis botas, por más que camino siento que no avanzo, debo estar retrocediendo, debo estar en el patio de un manicomio ¡Jamás regresaré a este putero! Cuando llegue a mi casa me bañaré con agua hirviendo y no quiero ver a nadie por el resto del día.

¿En que parte del bosque me encuentro? Es tan raro no escuchar ya el sonido de los autos, del puma bus, de la gente que viene a dominguear a C.U. En el horizonte solo vislumbro árboles y arbustos y enredaderas e insectos que vuelan por todas partes y detrás de unas ramas, estás tú, con el pecho reventado por una bala. Tu boca abierta, la misma que ayer nos unió por un instante….quizás ya estoy muerto…quizás todos los hombres siguen aquí, pero amanecimos invisibles y atrapados. La muerte nos observa y sus carcajadas son los balazos que escucho al cerrar los ojos. En cualquier momento caeré muerto… ¡Es inútil correr más rápido! El bosque se expande y ya ha cubierto toda la ciudad.


Imágenes del video de designer drugs: Dead meat
Fotografía: Ignacio Velasco