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miércoles, 2 de noviembre de 2011

La playa de Horus



Martes 1 de noviembre 6.00 AM



Por la ventana veo los edificios de Tlatelolco. Mi cabeza me duele más con cada palpitar del corazón. Mi cuerpo con moretones; tendido sobre un colchón lleno de colillas de cigarro y basura que se esparce por todo el cuarto ¿Y ese gran agujero en la pared? A través de él, veo otra recámara con más desechos, montañas de ropa, vidrios y una pared rayada que decía: Nos veremos del otro lado.

Entre el desmadre busco en vano mi ropa. Me pondré este bóxer de quien sea. Salgo del cuarto. Intento ordenar mi memoria.

Camino hacia la sala. Encuentro más bazofia, algunos muebles destruidos, y un librero desbalijado, atiborrado de figurillas baratas de porcelana: perros, leones, muñecas…

Lo mejor será salir de este departamento.

¡Mierda! La puerta tiene llave…

Seguramente él me encerró y en cualquier momento regresará para seguir divirtiéndose.

Camino hacia el ventanal y al abrirlo, el aire me golpea con fuerza, el amanecer inunda mis ojos, desde aquí observo las aéreas verdes, los juegos infantiles. Tlatelolco y...

Martes 1 de Noviembre 2.00 AM



Los dos tomando en los juegos infantiles. Decidimos subirnos a esa cosa que sólo da vueltas. El reto era saber quién aguantaba más y reíamos al ver nuestras caras (o al menos yo al ver la tuya) Tratábamos de ir más rápido, con la intención de sacar el juego de su eje, zafarle tornillos, pero lo único que conseguimos fue que vomitaras. De un departamento escuchamos el grito de una señora “¡Aquí no es vecindad!” Y me dio más risa, tuve que orinar ahí mismo.

Después.



Acabamos frente a frente, tú con el aliento a bodrio y nos besamos entre arbustos que nadie cortará, contra locales cerrados y paredes grafiteadas; recorriendo así la Unidad Habitacional, llegamos afuera del cine abandonado, donde me dijiste que adentro estaban proyectando nuestra película.

─¿De qué hablas?
─ De nuestra película. La que nos están filmando en este momento.
─ Es imposible.
─¿No te das cuenta que por eso la ciudad está llena de cámaras?
─ Qué pendejada.
─.¿No te gusta el cine?
─ Sí, pero ¿Qué tiene que ver?

Y me pareció que ese momento fue filmado para siempre.



Martes 1 de Noviembre 6.15 AM

En la cocina debe haber agua...
Sí, si hay, pero no en los garrafones, sólo en las llaves y las abro para acabar con mi sed y al beber, la sensación me provoca…

Martes 1 de Noviembre 2.30 AM

─¿No te parece que ya habíamos vivido este momento?
─ No.
─ Es un déjà vu.
─¿Déjà vu? Hasta muy francés me saliste ¡No mames! Te acabo de conocer en el último vagón del Metro, sé que ni recuerdas mi nombre.
─ Tenemos mucho tiempo de conocernos y esta noche nos volvemos a encontrar, de hecho me querías mucho ¿Recuerdas? En mi funeral casi te daba un paro.
─ …
─ Varias personas te tuvieron que agarrar, querías sacarme de la caja ¿No entendías que a los muertos se les deja en paz?
─¿Qué?
─ Mejor celebremos, quién sabe si mañana sigamos juntos, c'est la vie …
─ Demente.
─¿Demente? Demente hubiera sido tener el mismo rostro con el que me conociste, con la misma voz, con las mismas manos…



Martes 1 de Noviembre 6.19 AM

El librero de la sala ha hecho escándalo al romperse, inexplicablemente las horribles figurillas han quedado intactas sobre el suelo, al observarlas siento que cobrarán vida en cualquier momento, sólo para acabar de morir. Un montón de papeles han quedado suspendidos en el aire y lentamente caen sobre el suelo. En las hojas que agarro sólo encuentro matemáticas ¿formulas, ecuaciones, enigmas? ¡Problemas! Tal vez si pudiera resolverlos cambiarían la dirección de mi suerte, pero al no entender nada, recuerdo que…

Martes 1 de Noviembre 2.31 AM

─¿Cuánto tiempo estuvimos juntos? ¿Años? ¿Meses? ¿Días?...
─ No sé de donde saliste, ni quién chingados eres, pero como dijiste, a los muertos déjalos en paz.



Me levanté, di unos pasos y justo a punto de cruzar la avenida me carcajeé ¿Tú que ibas a saber de mi pasado? Se trataba sólo de una coincidencia ¡Una borrachera! Te volteé a ver y me sorprendió tu mirada tan penetrante. Regresé para abrazarte y así nos fuimos caminando hacia el Oxxo, por cervezas.

Entramos.

Yo no quería que nadie viera mis ojos. Fuimos directo a los refrigeradores, agarraste un montón de cervezas. ─ No te preocupes ahora pedimos que nos den dos cartones. Después agarraste unos Cazares y ya en la caja pediste unos cigarros mentolados; justo como le gustaba pasar las noches a quién se me murió. Comencé a mal viajarme, a recordar, pero al salir de la tienda y sentir el viento decidí que la noche fluyera.

Llegamos a la entrada del edificio, abriste la puerta, subimos por esos elevadores que desde siempre me han parecido cámaras de gas. El elevador subía lento y tenía calor. Las puertas se abrieron en el último piso, apenas sí podíamos con tantas cervezas.



Martes 1 de Noviembre 6.30 AM

La cabeza me va a estallar, necesito un baño con agua helada.

Camino por el pasillo y me detengo en la puerta del baño. Está más asqueroso que cualquier otro lugar.

Entro.

Me quito el bóxer, abro la regadera y el agua fría despierta mis poros, me hace sentir los ojos más grandes y…


Martes 1 de Noviembre 3. 06 AM





Entramos a tu departamento, destapaste las caguamas, la primera nos la terminamos de casi un impulso y nos sentamos en el piso. Observaba tus manos. Desde que te vi, me gustaron, eran exageradamente grandes (O no sé si las vería así por culpa del alcohol), cuando agarrabas cualquier objeto te veías chistoso.

─ Tus manos están desproporcionadas.
─¿Desproporcionadas?... A todos les gustan.
─ Agarra la cerveza y veras.
─ Y tú tienes la cabeza más grande que he visto, podría ser de olmeca.
─ No es cierto
─¿Quieres ver que sí?

De una muñeca de porcelana sacaste algo y te lo tragaste. Sacaste otro no sé qué y te lo metiste a la boca, bebiste de la botella, te acercaste a mí para besarme y al abrir yo la boca sentí el chorro de alcohol. Y lo que no supe qué era, raspó mi garganta. Y nos quedamos así, hasta sentir los labios cada vez más suaves, los brazos más fuertes, nuestros cuerpos unidos, acoplándose en formas amorfas. Perdí noción del tiempo y espacio. Sentí que mi cuerpo se abría, resplandeciendo mis secretos y fantasías. Mis manos, mi lengua, mi sexo escribían sobre tu cuerpo las historias que tenía ganas de contar a un extraño ¿O a alguien tan conocido? No lo sé, porque comencé a sentirte como una ola que reventaba contra mi cuerpo, que por momentos me asfixiaba. Ya no podía.

─ Me falta aire… ¿Escuchas?...No puedo respirar.
─¿Qué importa?
Te aventé.
─ ¿No te hubiera gustado morir así?
─¿Estás…? ¿Qué te pasa?
─¿Te gusta mi casa?
─ …
─ Pues ahí enfrente había un edificio igual a este, y con el terremoto del ochenta y cinco se vino abajo ¿Dónde crees que se fueron esos muertos? ¿Imaginas cuantos estudiantes deambulan por aquí? Yo conozco bien a esos muertos, ya te dije que he regresado de ese mundo.
─ Entonces consíguete un pinche muerto para pasar la noche. Me voy.

Martes 1 de Noviembre 6.45 AM

Tocan la puerta con fuerza.

Cierro las llaves, y ni pensar secarme con alguna de las toallas ¿Quién será? Mis pies se adhieren en el piso pegajoso.

Atravieso el pasillo,

Veo por el ojillo de la puerta y veo a dos policías que me recuerdan...

Martes 1 de Noviembre 4. 55 AM



─ Ni insistas, ya te dije que me quiero ir, abre la puerta.
─ Busca la llave, está dentro de una muñeca de porcelana.
─ No voy a buscar ni madres, abres la puerta o gritaré hasta que venga la policía.
─¡No puedo creerlo! Después de un año de mi muerte no haz evolucionado, sigues haciendo los mismos berrinches
─ Tu historia ridícula ya me tiene hasta la madre…¡Entiende! tu nombre no corresponde con el otro, ni tu rostro, mucho menos tu cuerpo… ¡Ve tus manos! Ya estoy hastiado, abre la puerta.
─¿No te das cuenta? ¿O estás fingiendo?
─ Abre la pinche puerta.



Sacaste la llave de una muñeca y cuando la arrojaste por la ventana, explotó algo en mi cuerpo, veía que luz brotaba por mis poros y así nuestros demonios salieron convertidos en extraños animales que se daban de topes contra las paredes, abrían sus hocicos arrojando nuestra sangre. Me sentía cada vez más débil. Cuando abría los párpados veía tu cuerpo mas destruido, no me atrevía a ver el mío; nuestras sombras contra la pared se hacían más grandes y nuestros cuerpos más delgados. Me temblaban las piernas, mi olor ya no era el mismo, por momentos al ver mis manos las veía evaporarse. En medio del caos escribías en una pared, pero no entendía tu mensaje. Los animales acabaron haciendo un hoyo en otra pared y a través de ella huyeron.

Nuestro instinto fue seguirlos.

Atravesando el agujero descubrimos la playa, el sol resplandeciente, las olas golpeando con fuerza y todos los animales se sumergían en el mar.

Nuestro instinto fue seguirlos.

Al sumergirnos tus manos desproporcionadas se tornaban enormes, yo las agarraba tratando de sacarte a flote, pero cada vez se hacían más pesadas y más grandes, al ya no soportarlas, las solté. Veía como te hundías hacía el fondo del océano. Comencé a escuchar gritos “¡No dejan dormir hijos de la chingada! Aquí no es vecindad”.

Nadé por largo tiempo intentando llegar a la orilla, pero el mar me jalaba, intuía eran remolinos o tus enormes manos, tratando de alcanzarme. Finalmente pude salir del mar. Me arrastré hasta sentir una cama de arena, se acabó mi energía y se me cerraron los ojos.



Martes 1 de Noviembre 7.00 AM

Y ahora sólo queda un departamento en ruinas, con un hoyo gigantesco en la pared que da a un pinche cuarto. Las paredes crujen, me parece que en cualquier momento este edificio correrá con la misma suerte del que ya no existe.

Los policías patean la puerta.

─ Abre hijo de tu puta madre, esto te costará caro.

Al dar unos pasos hacia atrás, choco contra un mueble y al moverlo te encuentro. Ahí, muerto, hinchado y de color azul.

No puedo dejar de ver tu cadáver, tanto andabas chingando con la muerte, que así acabaste.

La puerta está por quebrarse. En medio de la sala aparece un animal de dos patas, con cuernos, que al verme se echa a correr y atraviesa el agujero en la pared.

Mi instinto fue seguirlo.

En esta playa nadie me encontrará.





Fotografìa: Ignacio Velasco

martes, 9 de agosto de 2011

Datsun 78




I like the peace
in the backseat,
I don't have to drive,
I don't have to speak,
I can watch the country side,
and I can fall asleep.

The arcade fire

Indicios




Las vestiduras de los asientos quemadas por nuestros cigarros, rotas por la euforia que nos corroe en las noches. El parabrisas estrellado nos hace revivir lo cerca que estuvimos a la muerte. Volteamos a verlo al mismo tiempo y sonreímos. Alzas la pierna y rompes la luz interna, al girar mi torso, con mi pie golpeo el asiento de adelante y se vence; acabo encima de ti, frente a frente. Los vidrios comienzan a empañarse, nuestro olor es cada vez más fuerte, estiro la mano al estéreo para subirle a la música, al moverme, tu cabeza choca contra la puerta y te ríes. Nuestra saliva entra por nuestros poros, las manos ¿qué inventan? somos como dos engranes más de esta máquina. Las gotas de tu sudor brillan sobre mi pecho, por los vidrios ya no veo nada. Nos escurrimos por los asientos, y así acabamos desgajados en el lugar del copiloto.

─¿Arranco el coche, nos vamos lejos?

Frunces las cejas, le das un golpe al estéreo, la música deja de sonar, me avientas contra la puerta. Salimos del auto mientras nos vestimos torpemente, los vidrios se desempañan de golpe, abres la boca para escupir tus palabras retorcidas y yo escupo lo que siento, y así construimos una escena más patética a la noche anterior. Las luces se habían quedado prendidas, alumbran tu silueta alejándose y tus palabras se hacen eco por todo el estacionamiento:

─En ese pinche coche no llegaríamos a ninguna parte, está jodido como nosotros.

Fotografías



─¿Decías que no llegaríamos a ninguna parte?

El coche ya lo vemos lejos, lo estacionamos tan cerca a la presa que parece en cualquier momento caerá a la deriva. Nuestra piel ha cambiado de color, tus ojos se han tornado más claros. Hablando, entendimos que estamos hartos de nuestras voces, del ruido y dejamos que este lugar retumbe, que el viento nos despeine, que nos arrastre a cualquier límite y llegamos a este punto, donde ya somos invisibles. Las hojas muertas comienzan a formar remolinos, la tierra por momentos explota como zona minada, las nubes parecen rasgadas por garras. Al escuchar tu grito cada elemento adquiere más movimiento, el paisaje se mueve ante mí como una extraña danza o tal vez sucede porque mis ojos se mueven rápido tratando de encontrarte. Súbitamente me abrazas por la espalda y detienes el momento de golpe con una palabra:

─Vámonos.



Inútilmente sacudes el polvo de tu cuerpo y regresamos al auto. Justo en el momento de subirnos comienza a caer el atardecer. Nos quedamos petrificados viendo hacia el horizonte, la presa ¿En qué momento quedó sin límites? Lentamente el sol fue cayendo sobre el agua ¿Vámonos? Sentí el impulso de prender el auto y tirarnos al precipicio, yo no tengo idea en que pensabas, No dijimos nada, nos volteamos a ver hasta que el ocaso terminó.

4 a.m



Azotas la puerta del departamento ¿Ya qué más podía decirte? Camino de un lado a otro; del baño al balcón, de la cocina a la habitación. Tratando de buscar razones, te siento más lejos. Encuentro las últimas fotografías: El coche cayendo a la deriva, nuestra piel quemada, nuestros ojos tan distintos, las nubes destrozadas, la puesta de sol pintando sombras ¿Te habrás dado cuenta de la cantidad de hojas secas? Encuentro tantos detalles que vuelvo a vivir cada instante de forma distinta. Las paredes comienzan a crujir, las ventanas se quedan sin vidrios, polvo entra y cubre mis ojos ¡Aún huelo a tu sexo! ¿En qué momento quedé tan atrapado? Las llaves del coche deberían estar sobre la mesa, yo nunca pierdo nada ¿La cartera? ¿Los cigarros?

¿En qué momento la ciudad se convirtió en una glorieta? Siento asco, abro la puerta para tomar aire, a unos pasos de mi, se encuentra un vagabundo tirado y yo ya no sé en donde estoy. Le pregunto, pero él no responde ¿Estará muerto? ¿Debería acercame a él? No. Yo sólo quiero saber donde estoy, dentro del coche encuentro una lata de cerveza vacía y se la aviento. Le rebota en la cabeza, se mueve y vuelve a dormir. Cierro la puerta y piso el acelerador.



El semáforo en rojo. Me detengo. A mi lado aparece un auto, el conductor baja el vidrio y dice mi nombre, al voltear a verlo me di cuenta que era absurdo seguir buscando razones. Tú en el asiento del copiloto y en tus tontas muecas encontré nuestro fracaso. Luz verde. Arrancan a toda velocidad y yo hago lo mismo pero en otra dirección. Edificios, casas, automóviles ¡La misma mierda una y otra vez! Hasta que llego a un punto en que la ciudad empieza a desaparecer.

Acelero.




Escucho como cruje el auto, siento el aire frío metiéndose por la carrocería. En cualquier momento el cofre saldrá volando, alguna puerta, o yo, por el parabrisas. Comienzan a destellar los primero rayos del sol ¿El vagabundo ya debe estar abriendo los ojos? ¡Miles de ojos deben estar haciéndolo! Millones de manos apagando despertadores ¿Y tú? En cualquier cuarto de hotel, enredándote entre sábanas o buscando la salida de algún estacionamiento. Por el retrovisor veo como la ciudad ha quedado atrás y tan pequeña. Los vidrios quebrados ya estallaron, la música reventó las bocinas, humo comienza a salir por todas partes y de golpe detengo el auto. Súbitamente veo el tablero, estalla mi frente, reboto contra el asiento y miro al cielo.

El sol ya alcanzó el punto más alto.



imágenes: Barestt Forster, Joan Crisol, Horacio Neri, Ignacio Velasco

domingo, 13 de febrero de 2011

The Show must go on

I'll Never Be Maria Magdalena
Sandra



Si dejamos la casa hecha un asco no fue por desorden; fue por destruirnos. Tú con tus preguntas, yo explotando y nuestras bestias hicieron fiesta con nosotros. Tocaron a la puerta. Llegaron los amigos y fingimos que nada había pasado. Cuando el reloj marcó las doce, decidimos que era tiempo de irnos y pedimos un taxi. Yo me subí adelante para verte los ojos por el retrovisor, nuestra pelea aunque muda continuó y te bajaste en plena avenida casi matándote.



Llegamos al Hysteria. El show travesti comenzaba. Abrió pista una flaca, con peluca rosa, sus labios estaban lejos de seguir la letra de la canción. El siguiente travesti era gordísimo; su cabello azul y los ojos rasgados. Su más grande gracia era “perrearle duro”, actuando como si se lo estuvieran cogiendo en el escenario al ritmo de música monótona. Mientras mis amigos ríen de su numerito, las palabras que me dijiste antes de bajarte del taxi siguen en mi mente. Las luces se apagaron. Hasta que presentaron a Malena; un travesti con el cabello hasta los hombros y obscuro. Vestido de negro, con zapatos de aguja y minifalda de lentejuelas. Entonó una canción que no había escuchado, sonaba a los 80´s y me gustó; extrañamente me gustó, porque sé que en donde estás, la música te tira lágrimas. Malena nos veía a todos y seguramente tú la misma mierda de siempre. Malena tiene una voz que hipnotiza y a ti ni sobrio te queda voz para cantar. Sus movimientos son lentos y se llevó los aplausos ¡Bravo! Debes estar cayéndote y haciendo el ridículo. Ella salió de escena y tú estás atrapado. Los bajos en cualquier momento romperían las bocinas y comencé a bailar. Necesitaba moverme al ritmo de lo-que-sea. Empecé a tomar inevitablemente con sed-de-ti.



A lo lejos vi a Malena, me acerqué a ella para preguntar el nombre de la canción que interpretó. Se lo pregunté tres veces, cada vez más fuerte y ella no escuchaba. Le toqué el hombro, me vio a los ojos, los de ella estaban hinchados.

─Me gustó tu actuación.

Ella sonrió.

─Qué bonita voz tienes.

Y ella movió su cabeza diciendo que no. Sacó de su bolsa el celular y escribió de la manera más veloz que he visto:

─Soy muda, me alegra que te gustara el show.

Me invitó de su bebida. Le di un trago a su salud, sentí euforia y le dije palabras que ella percibía con sólo ver mis labios, pero yo de ella no percibía nada, ni siquiera de sus manos.

─Me da gusto conocerte.

Ella escribió en el celular:

─Sí, pero esto es puro show.



Me despedí, le dije que iría con mis amigos, que la vería por aquí.
En el camino sonó mi celular. Era él.

─No escucho, habla más fuerte.
─Acabo de conocer a…
─¿Qué dices?
─Tú sabes a quién.

Me alegró oírlo tan mal, que fui a la barra para celebrar mis predicciones. Comencé a sentir mis venas calientes. Veía bailar a los cholos, pensé que hasta chance podría salir de ahí con alguno.

─Me das un tequila…me das otro…


Y de otro en otro ya no aguantaba las ganas de orinar. El baño estaba hasta el fondo, subí escaleras. Corrí al mingitorio, en la parte de atrás estaban los retretes y se escuchaba a unos cabrones gimiendo. Me subí el cierre. Fui a los lavabos. Me vi en el espejo. Odié ver mi cara, mis ojos delataban que ya estaba bien estúpido. Al lado de mi, estaba quién sea, inhalando popper.

─No mames, véndeme uno.
─Yo no vendo, pero…



Y me invitó unos buenos jalones que me aventaron contra la pared. Sentí que estaba en el mejor lugar del mundo. Entre el ruido escuché una voz andrógina que me llamaba. Al salir del baño encontré a Malena.

─Eras tú, estoy seguro que eras tú.

Ella intentó sonreír, abrió sus manos y yo las mías. Intuí que necesitaba llenar sus manos vacías.

─Yo tampoco tengo nada.

Y con nuestros dedos dibujamos algo que cayó a nuestros pies. Nos agachamos para recogerlo y nos sonreímos.

─Dime tu historia Malena ¿qué ves cuando abres los ojos?, ¿cómo es un día en tu vida?, ¿quién eres?

Ella sacó su celular:

─Yo soy puro show. Dime de tu vida.

─¿Mi vida?... Sueño con grandes puentes que me lleven a otros lugares, a conectarme con otras personas que vean en direcciones opuestas a las que yo no puedo ver.

Nos pasamos nuestros números de celular y me despedí. De regreso a la pista sentí que realmente no hablamos de nosotros, sino de algo más. Al llegar con mis amigos ya los veía doble, sus pasos de baile eran torpes y yo al ver los míos me reí. Me dejé llevar.



Hasta que llegó un mensaje de él a mi celular.

─Ya me enteré lo que no sabía de ti ¿para qué seguir contigo? ADIOS.

Y al leerlo dejé de sentirme tan ebrio, sabía que ese adiós era el último ¿Ya para qué?, para llegar al mismo punto de pedirnos perdón, para así creer que empezamos de nuevo. Estamos jodidos, verdaderamente jodidos. Rascando como idiotas las mismas heridas una y otra vez. Nuestros cuerpos están llenos de cicatrices, señal de que ya estamos podridos por dentro.



Reaccioné al ver a Malena sentada en la barra con un hombre que tenía puesto un sombrero ranchero y lucía más grande que ella. Decidí seguir bailando sin perderlos de vista. Ellos discutían. El señor acabó gritando y Malena volviéndose loca escribiendo mensajes en el celular, enseñándoselos, viendo fijamente sus labios. Unos travestis estaban a unos cuantos pasos detrás de ellos; unos riendo, otros secreteándose.

Voltee a ver la bola disco ¿ya está saliendo el sol? Vi la hora, eran las cinco de la mañana.



El sombrerudo agarró del cabello a Malena y le tiró la peluca. Unos travestis siguieron riendo, otros se levantaron de sus asientos y se acercaron a ellos discutiendo. Él bigotón le dio un golpe en el estómago a Malena. Me acerqué para hacer algo, pero ella salió corriendo del antro, agarrando con sus manos su cabeza rapada. Mis amigos me detuvieron para decirme que ya se sentían muy mal, que era hora de irnos. Cuando salimos busqué a Malena, la vi a unos cuantos metros subiendo a su coche. Arrancó a toda velocidad, corrí tras de ella pero fue inútil. Cuando me detuve llegó un mensaje de Malena a mi celular.

─Esta puta vida es puro show.

Y cuando cierro los ojos veo una y otra vez como estrelló su coche contra un poste.



Fotografía: Erwin Olaf