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miércoles, 6 de febrero de 2008

GUAPOS



GUAPOS

Sin grandes y redondas nalgas. Ni grandes dotes físicas en su sexualidad y nula experiencia. Sin músculos y de estatura media. Con la cara llena de barros y lunares de diferentes tamaños. Para acabarla de fregar su nombre es Renancio, conocido por eso como El Rancio.



En su habitación, desnudo, echado en la cama, paseando los ojos sobre un número de la revista “Desfolladas”, evidentemente porno. Mientras se masturbaba murmuraba:



-Chale…para las fotos en estas revistas todos tienen que estar bien buenos. Tener super tetas y unas mega dimensiones ¡Unos culotes! Y además tener caras bonitas.

Rancio termina y corre al baño para verse en el espejo de arriba abajo. Sus pies, piernas, pene, estomago, brazos, cabeza…le parecen de orangután. Le viene el recuerdo de los apodos e insultos que le han puesto a lo largo de su vida.



Esos recuerdos comienzan a abrumarlo. Regresa a la recámara a fumarse un churro al estilo Bob Marley “sólo así por momentos me siento guapo”. Rancio prende el porro y comienza el viaje. Nuevamente ojea la revista. Recorre esos cuerpos tan perfectamente rasurados, con colores de piel tan cálidos, rostros tan atractivos. Perdido en el vaho de la yerba comienza a darle golpes más fuertes al churro. Comienza a toser y a mal viajarse abrumado por el impacto de la belleza.

Avienta la revista y los cuerpos que estaban dentro de ella salen y caminan por su cuarto burlándose de él. Para después coger como animales y Rancio esta en medio de la orgía sin poder participar. Sale huyendo de su casa. En su deambular quiere “borrarse la cara”. Se la talla y termina arañándose. Poco a poco comienza a brotar sangre. En su desvarío, Rancio quería asegurarse de borrarse bien la cara por lo que toma el encendedor para quemarla toda, pudo darse cuenta que eso le tomaría tiempo.

Después de unos minutos arrojó lejos el encendedor y entró a la tienda que que con sus luces lo atrajo. Entró a comprar una cerveza. Al verlo los empleados hicieron muecas de asco. Rancio sale rebotando de la tienda de abarrotes. Destapa la cerveza y piensa que no le importa si lo detiene la policía, no sería la primera vez. Una vez terminada la cerveza, estrella el envase contra el pavimento, recoge trozos de vidrio, para trazar líneas en su rostro. Con la cara llena de sangre y mugre sigue caminado sin rumbo. Observa los espectaculares y anuncios todos llenos de gente bonita, llenos de gente que sonríe y de felicidad, con amigos y familia. Sin duda Rancio tiene hambre y sed y busca donde saciarlas.

Sin saberlo llega al metro. Antes de entrar, hurgando entre sus ropas saca otro porro, busca quien lo encienda y lo empieza a inhalar. Entra al metro y baja las escaleras eléctricas, imaginando qué sería de él si en ese momento se aventara y su cabeza se estrellara en el filo de las últimas escalinatas.

Finalmente llega a la taquilla. Torpemente articula:

-Me da un boleto

La señorita le da el boleto, diciendo de modo tajante:

-dos pesos
-¿Los feos pagamos igual?

En ese momento Rancio estrella su cabeza contra el vidrio, la señorita que esta del otro lado grita. Él se va corriendo a la entrada que dan a los andenes. Con la cabeza ensangrentada.

Dentro del metro se encuentra puestos donde venden productos mágicos y encuentra carteles con recortes de Maribel Guardia, Ninel Conde y hasta Madonna con frases que dicen…

-Esta crema le dejara las piernas más bellas y sexys del mundo,
-¿Problemas en la cama? Estas pastillas incrementaran su apetito sexual en un 100 %
-Este jabón quita todas las imperfecciones de la cara ¡Dejándosela como nueva!
-¿Padece calvicie? Este shampoo hará que recupere hasta el último cabello perdido.

Rancio observa por unos minutos esos carteles, los contempla como si fueran obras maestras que se encuentran en museos. Comienza a gritar:

-Yo he usado todas esas porquerías y mírame, no tengo ni que hablar…Yo he usado todas esas pinches cremas, y véanme, no tengo ni que hablar…Yo he usado…

Las mayoría de la gente que pasa lo evitan o lo ignora, otros lo observan, los menos se burlan. Finalmente uno de ellos le da un madrazo y lo hace caer al piso-

-Pinche loco, asustas a mi clientela.

Rancio se levanta y lo observa fijamente.

-¡Vendes puras mierdas! Todos nacimos hechos mierda.

Rancio sigue caminando. No puedo parar de gritar:

-Todos somos piernas, brazos, caras, labios. Pedazos de carne. Todos somos piezas, piernas, caras, labios…

Rancio sube al vagón y se cierran las puertas:





-¡Me escuchan! Todos somos los hijos bastardos de la belleza

Una señorita con una enorme cruz que le colgaba del cuello, se acerca y le dice:

-Hermano, la belleza esta aquí, dentro en tu alma, en tu corazón…
-¡Mis huevos!

Rancio comienza a escupir y mientras se orina le grita a una muchacha:

-¿Nunca habías visto a la mierda caminar?...

Rancio sonríe de manera malévola:

-¡Quiero alguien para coger! Estoy harto de ver y no tocar. Alguien para amar, dicen que es bonito, a alguien para decirle: i love u baby…´tas sexy, es la moda ¿No?

El metro llega a la siguiente estación. Rancio se baja del vagón para subirse al de la derecha, nuevamente se cierran las puertas y comienza a vociferar:

-No tengan miedo gente bonita. No les voy a robar la cartera, ni la virginidad. El Rancio saca la lengua y comienza a humedecer sus labios
-Es sexy ¿No? Vean mis labios
Rancio comienza a tronar besos
-es sexy ¿No? Como en las novelas y películas…No les robaré nada. Sólo el sueño antes de que vayan a la cama y recuerden mi rostro. Cuando se acuesten y cierren lo ojos me verán. Soy el adefesio de la ciudad ¿No?... ¡Me escuchan pendejos! Tu (señala a un muchacho con el dedo índice) maldito puto, te crees tanto por estar alto. ¡Y tú! Por ser güera, se te ven las pinches raíces negras porque ni güera se te quita lo naca. La realidad es que somos piernas, brazos, caras, labios. Pedazos de carne. Todos somos piezas putrefactas.





Rancio subía y bajaba vagones dando los mismos espectáculos grotescos. Aventando gargajos, orinándose, hasta llegar al vómito. Después de vagar un buen rato, cuando había pasado la euforia y se había cansado de gritar y golpearse, se bajo en la estación de Insurgentes. Al salir del metro una ráfaga de luz lo deslumbró. Enfoco la vista y se dio cuenta que estaba en un lugar de fiesta. Luces neon, gente haciendo desmadre, hombres provocando erecciones a otros, mujeres en busca de otras curvas.





Rancio ese encontraba en un estado de somnolencia y conciente de ello trataba de ubicarse. No sabía el nombre del lugar aunque en todos lados decía Zona Rosa, zona rosa, zona rosa…Rancio se deja llevar con la oleada de gente. En el trayecto sentía que lo observaban y los pasos fríos de alguien que camina detrás de su espalda.Rancio se voltea y justo cuando iba a abrir la boca para vociferarle unos cuantos insultos, el extraño le dice al oído:



-Hola guapo…

Rancio se queda petrificado y el extraño sigue su camino. Minutos después decide buscar a aquel tipo, que le regaló tan singular halago. Caminaba de prisa hasta llegar a la calle de Londres. Entre tanta gente no lo encontró. Se recarga en el poste de la esquina, suelta un suspiro y en ese momento un güey se le acerca:





-Buenas noches guapetón…

Rancio en cuestión de segundos recuerda las revistas pornos, los modelos de televisión con cuerpos perfectos. No sabe dónde está, ni el nombre del lugar. Sólo ve las luces neón, hombres agarrados de la mano y fajándose. Gente bailando en la calle, luces, coqueteos y música. La noche está por empezar…

Rancio le sonríe al extraño y le agarra la nalga. Y de esa forma se van caminando, perdiéndose entre las luces de toda esa selva de colores artificiales. Y esa noche no regresará a su casa para pasar otra noche masturbándose viendo porno. Esta en la zona en donde todos tienen fiebre y todos pueden ser guapos.